Tunja vuelve a las urnas para elegir al reemplazo del alcalde anulado
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Tunja vota este domingo entre once aspirantes para elegir al reemplazo del alcalde cuya elección fue anulada por el Consejo de Estado. La Registraduría habilitó 362 mesas para más de 142.000 ciudadanos, en una jornada que pondrá a prueba la gobernabilidad local.
Tunja llega a las urnas este domingo con una elección atípica y políticamente sensible: once candidatos compiten por reemplazar al alcalde cuya elección fue anulada por el Consejo de Estado. La Registraduría dispuso 362 mesas para que más de 142.000 ciudadanos habilitados definan quién tomará las riendas de la capital boyacense en medio de una transición obligada por una decisión judicial que reordenó por completo el mapa político local.
La jornada no es menor. Cuando un mandato popular se cae por decisión de la autoridad judicial, la contienda deja de ser solo una disputa entre aspirantes y se convierte en una prueba de confianza para las instituciones. En Tunja, la organización electoral está montada sobre una base amplia: suficientes mesas para atender un censo significativo en una ciudad que ahora debe escoger de nuevo a su alcalde, esta vez con el antecedente de una elección previa que no logró sostenerse en el tiempo por vicios o irregularidades que llevaron a su anulación, según el fallo del Consejo de Estado.
Más allá del dato electoral, lo que está en juego es la estabilidad política de una ciudad que necesita continuidad administrativa, ejecución presupuestal y capacidad de gobierno. Las elecciones atípicas suelen mover menos a la opinión pública nacional, pero para la gente de a pie implican algo mucho más concreto: quién define las prioridades del gasto, cómo avanza la seguridad, qué ocurre con las obras y qué tan rápido puede recomponerse la relación entre ciudadanía y administración. En una capital regional como Tunja, el resultado también enviará un mensaje sobre el peso de los partidos, la capacidad de los liderazgos locales y el desgaste que dejan las disputas jurídicas sobre la legitimidad del poder.
El caso de Tunja refleja una realidad cada vez más frecuente en la política colombiana: elecciones que se ganan en las urnas, pero se terminan disputando en los estrados. Eso prolonga la incertidumbre, encarece la gobernabilidad y obliga a los ciudadanos a volver a votar para cerrar un capítulo que no se resolvió del todo en la primera contienda. Este domingo, más que escoger un nombre, los tunjanos decidirán si le dan a la ciudad una salida rápida al vacío institucional o si abren una nueva etapa de fragmentación en el poder local.


