Lara acusa a Petro de intentar frenar el arranque del gobierno de De la Espriella
Imagen: El Tiempo - Política
Rodrigo Lara, ministro del Interior designado, afirmó que el presidente Gustavo Petro busca interferir en la elección de las mesas directivas del Congreso para complicar el arranque del gobierno de Abelardo De la Espriella. La pelea anticipa un pulso institucional desde el primer día.
Rodrigo Lara, quien será el ministro del Interior del gobierno de Abelardo De la Espriella, lanzó una advertencia que desde ya marca el tono de la relación entre la Casa de Nariño y el próximo Ejecutivo: según su lectura, Gustavo Petro estaría intentando intervenir en la elección de las presidencias del Congreso para dificultar el arranque del nuevo gobierno. La declaración, hecha en entrevista con EL TIEMPO - Política, revela que la disputa por el control político del Legislativo no será un asunto técnico ni protocolario, sino uno de los primeros campos de batalla del relevo presidencial.
Lara habló en el contexto de la definición de las mesas directivas del Congreso, una elección que suele pasar desapercibida para buena parte del país, pero que en realidad fija el mapa de poder para los próximos meses. Quien controle esas dignidades tendrá capacidad de ordenar la agenda legislativa, acelerar o frenar proyectos y, sobre todo, darle oxígeno político —o quitárselo— al gobierno que arranca. En ese tablero, el ministro designado acusa al mandatario saliente de querer dejar sembradas dificultades para la nueva administración, una señal de que la transición llega cargada de desconfianza y de cálculo político.
El señalamiento importa porque en Colombia el arranque de un gobierno suele depender menos de los discursos de posesión y más de su capacidad para tejer mayorías desde el primer día. El Ministerio del Interior es precisamente la bisagra entre el Ejecutivo y el Congreso, y por eso las palabras de Lara no son menores: anticipan que su papel será el de un operador político en medio de un clima de confrontación. Si el nuevo gobierno entra a gobernar con un Congreso fragmentado o tensionado por disputas tempranas, el costo lo termina pagando la capacidad de sacar adelante reformas, nombramientos y la gobernabilidad en general. En términos prácticos, eso se traduce en más demora para decisiones que afectan presupuesto, seguridad, empleo y el rumbo institucional del país.
Más allá de la pelea puntual por las presidencias del Congreso, lo que asoma es una disputa por el control narrativo del inicio de la nueva etapa política. Lara intenta instalar la idea de que el gobierno entrante no solo deberá gobernar, sino defenderse desde el primer minuto de movimientos del petrismo para condicionar su margen de acción. Esa narrativa puede servirle al nuevo Ejecutivo para cohesionar apoyos y marcar distancia del ciclo anterior, pero también eleva la temperatura de una transición que, en lugar de aterrizar con mesura, parece encaminada a un choque frontal por las reglas del juego legislativo. En Colombia, cuando el Congreso se convierte en escenario de ajuste de cuentas, casi siempre el costo termina trasladándose a la ciudadanía, que ve cómo la política se consume en su propia disputa antes de resolver los problemas de fondo.



