Putin irrita a Japón con su primera visita a las islas Kuriles

Imagen: BBC Mundo
La visita de Vladímir Putin a una de las islas Kuriles encendió de inmediato la protesta de Japón, que considera ese archipiélago parte de su territorio. El gesto revive una disputa histórica entre Moscú y Tokio en un momento de alta tensión geopolítica.
La primera visita de Vladímir Putin a las islas Kuriles ha reactivado una de las disputas territoriales más sensibles de Asia Oriental y provocó una respuesta airada del gobierno japonés, que la calificó como un gesto “absolutamente inaceptable”. El desplazamiento del presidente ruso a ese archipiélago del Pacífico, reportado por medios estatales rusos, no es solo una señal política hacia Tokio: también reafirma la intención de Moscú de mantener el control sobre un territorio que Japón reclama desde hace décadas.
De acuerdo con la información difundida por la prensa estatal rusa, esta sería la primera vez que Putin visita las Kuriles, una cadena de islas situada entre la península rusa de Kamchatka y la isla japonesa de Hokkaido. Japón sostiene que parte de ese territorio, al que denomina Territorios del Norte, fue ocupado por la Unión Soviética al final de la Segunda Guerra Mundial y nunca fue devuelto. La controversia ha impedido durante años la firma de un tratado de paz definitivo entre ambos países, pese a múltiples rondas de negociación diplomática.
La importancia de esta visita va más allá del simbolismo. En un escenario internacional marcado por la guerra en Ucrania y por el reordenamiento de alianzas en Asia, Moscú parece enviar un mensaje de firmeza territorial mientras Tokio refuerza su alineamiento con Occidente y su coordinación estratégica con Estados Unidos. Para Japón, la presencia de Putin en las Kuriles no solo irrita por razones históricas: también refuerza la percepción de que Rusia no está dispuesta a ceder en ningún frente, incluso en una disputa que parecía relegada a la diplomacia de bajo perfil. Para la población japonesa, especialmente en Hokkaido, el conflicto sigue siendo una herida abierta que mezcla memoria de guerra, soberanía y seguridad regional.
El episodio confirma que las disputas congeladas pueden volver a la superficie con fuerza cuando cambian las condiciones del poder global. Y en este caso, la visita de Putin no solo complica aún más la relación entre Moscú y Tokio: también recuerda que, en Asia-Pacífico, los mapas siguen siendo un campo de batalla político. Mientras Rusia busca consolidar presencia en sus fronteras orientales, Japón enfrenta el dilema de cómo responder sin escalar un choque que lleva más de 75 años sin solución.



