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México y el fútbol: una pasión masiva que sobrevive a los tropiezos en la cancha

Hace 4 horas
México y el fútbol: una pasión masiva que sobrevive a los tropiezos en la cancha

Imagen: BBC Mundo

México volverá a ser sede de un Mundial por tercera vez, pero el dato que sigue descolocando es otro: su enorme pasión futbolera convive con una historia deportiva marcada por límites. Esa tensión ayuda a entender por qué el torneo despierta tanta expectativa en un país que aún no rompe su techo competitivo.

México se prepara para recibir otra vez la fiesta más grande del fútbol con una contradicción difícil de ignorar: será anfitrión de un Mundial por tercera ocasión, tiene una de las ligas más rentables del continente y acumula 17 participaciones en Copas del Mundo, pero nunca ha pasado de cuartos de final y sigue sin instalarse entre las potencias deportivas del planeta. Esa brecha entre entusiasmo y resultados no ha enfriado la relación del país con el balón; al contrario, la ha convertido en una parte central de su identidad colectiva, como si cada torneo reabriera una promesa pendiente.

La explicación, según el retrato que hacen escritores y periodistas mexicanos consultados por BBC Mundo, no está solo en lo que ocurre dentro de la cancha. El fútbol en México funciona como lenguaje común, negocio, ritual familiar y escaparate emocional. La Liga MX, con su peso económico y su capacidad de movilizar audiencias, sostiene una industria que va mucho más allá del rendimiento de la selección. A eso se suma una cultura deportiva muy arraigada en barrios, escuelas, televisión y conversaciones cotidianas, donde el fútbol se sigue no solo por victorias, sino por pertenencia. Para millones de aficionados, apoyar a su equipo o a la selección no es una evaluación racional de resultados, sino una forma de estar en el mundo.

Ahí está el punto que vuelve tan singular el caso mexicano: la pasión sobrevive incluso cuando la selección no logra dar el salto que su historia, su tamaño y su mercado parecerían exigir. Y esa persistencia importa porque revela cómo operan el orgullo nacional y la industria del entretenimiento en América Latina. Un Mundial en México no es únicamente un evento deportivo; es también una prueba de autoestima colectiva, un negocio multimillonario y una oportunidad política para mostrar capacidad organizativa ante el mundo. Pero también deja al descubierto una tensión incómoda: mientras el país celebra ser anfitrión y llena estadios, sigue esperando un proyecto deportivo capaz de traducir esa devoción en resultados de alto nivel.

Por eso el Mundial despierta tanta pasión en México: porque concentra esperanza, frustración, consumo y memoria en un solo escenario. Cada edición reaviva la misma pregunta de fondo, la que no resuelve ni la fiesta ni el marketing: cómo puede un país tan futbolero seguir tropezando con el mismo techo competitivo. Mientras esa respuesta no llegue, México seguirá viviendo el fútbol como una gran contradicción nacional: una afición inmensa que alimenta un negocio sólido, pero que todavía no encuentra en la selección un reflejo proporcional a su propia intensidad.

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