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Extrema derecha en Valencia: la fachada vecinal que esconde patrullas contra migrantes

Hace 3 horas
Extrema derecha en Valencia: la fachada vecinal que esconde patrullas contra migrantes

Imagen: El País

España 2000 está usando la fachada de una ONG para patrullar barrios de Valencia con alta presencia migrante, en una estrategia que mezcla discurso de orden público y señalamientos étnicos. La jugada reabre el debate sobre seguridad, xenofobia y hasta dónde puede llegar la extrema derecha en la calle.

La extrema derecha española ha encontrado en Valencia un nuevo escaparate para su política de confrontación: España 2000 se estaría presentando bajo la apariencia de una ONG para recorrer barrios con mayor presencia de población inmigrante y capitalizar el malestar vecinal en torno a la inseguridad. No se trata solo de una operación de imagen; es una táctica con la que el partido intenta instalar la idea de que determinados sectores de la ciudad son territorio perdido y que la respuesta debe venir de la vigilancia ideológica, no de las instituciones.

Según informó El País, la organización se mueve con un lenguaje de ayuda social y proximidad comunitaria, pero su actividad en la práctica termina asociada a patrullajes y presencia política en zonas donde la inmigración es más visible. El mensaje es claro: convertir la preocupación legítima por robos, abandono urbano o falta de recursos en un relato de amenaza identitaria. Esa fórmula no es nueva en Europa, donde la extrema derecha suele presentarse como defensora del “vecino” mientras señala al migrante como responsable automático del deterioro del barrio.

Lo que ocurre en Valencia importa por una razón que va más allá del caso local: muestra cómo la inseguridad, cuando no se atiende con políticas públicas serias, se convierte en un campo fértil para proyectos políticos que viven de exacerbar miedos. En lugar de reforzar servicios, mediación comunitaria y presencia institucional efectiva, estas agrupaciones ofrecen una respuesta rápida, emocional y polarizante. Y eso tiene consecuencias concretas: rompe la convivencia, estigmatiza comunidades enteras y desplaza el debate desde la gestión de la seguridad hacia la criminalización de la pobreza y la migración.

El trasfondo también revela una vieja estrategia de la ultraderecha europea: disfrazar de acción vecinal lo que en realidad es militancia identitaria. En ciudades con tensiones sociales, ese tipo de maniobra no solo busca votos; busca normalizar una frontera moral entre quienes “pertenecen” y quienes deben ser observados, corregidos o expulsados simbólicamente del espacio público. Si prospera, el costo no lo paga solo la política local: lo pagan los barrios, que terminan convertidos en laboratorio de miedo.

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