Economía

España baja del 100% de deuda sobre PIB, pero sigue atrapada en 1,74 billones

Hace 1 hora
España baja del 100% de deuda sobre PIB, pero sigue atrapada en 1,74 billones

Imagen: El País

España logró un hito fiscal simbólico: su deuda pública cayó por debajo del 100% del PIB por primera vez desde la pandemia, hasta el 99,9%. La mejora convive, sin embargo, con un pasivo todavía enorme: 1,74 billones de euros que siguen condicionando la economía.

España ha logrado bajar por primera vez desde la pandemia su deuda pública por debajo del 100% del PIB, un umbral que durante años funcionó como una especie de línea roja política y económica. Según informó El País, el pasivo del conjunto de las administraciones cayó 2,4 puntos en un año y se situó en el 99,9% de la riqueza nacional, una mejora relevante en términos relativos, aunque todavía insuficiente para hablar de alivio real sobre las finanzas del Estado.

El dato tiene dos lecturas que conviene mirar al mismo tiempo. Por un lado, muestra que el peso de la deuda sobre la economía española se ha moderado gracias a un crecimiento nominal más favorable y a una dinámica fiscal algo más contenida que en los años más duros de la pandemia. Pero, por otro, el stock total sigue aumentando y ya alcanza los 1,74 billones de euros. Eso significa que el problema no desaparece: simplemente se ha vuelto más manejable en proporción al tamaño de la economía. En términos prácticos, España sigue debiendo una cantidad gigantesca, con todo lo que ello implica para el margen de maniobra del Gobierno, el coste de financiación y la capacidad futura de responder a otra crisis.

Este descenso por debajo del 100% no debería leerse como una victoria definitiva, sino como una señal de normalización tras el shock excepcional de la covid-19. La pandemia disparó el gasto público, desplomó la actividad y obligó a los Estados europeos a endeudarse a gran escala para sostener empresas, empleos y servicios esenciales. Desde entonces, el debate fiscal en la eurozona ha girado en torno a cómo reducir esos pasivos sin ahogar la recuperación ni sacrificar inversión pública. España, como otras economías del sur de Europa, sigue en una posición delicada: ha mejorado sus ratios, pero arrastra una deuda muy alta en comparación con los estándares previos a la crisis sanitaria y con los niveles que suelen considerar cómodos las instituciones europeas.

Para la ciudadanía, este dato importa porque la deuda no es una cifra abstracta encerrada en los balances del Tesoro. Afecta la capacidad del Estado para sostener sanidad, educación, pensiones e inversión en infraestructuras sin depender tanto del crédito y de las condiciones de los mercados. También influye en la discusión política sobre impuestos, gasto social y consolidación fiscal. España ha cruzado un umbral simbólico, sí, pero el desafío de fondo sigue intacto: transformar esa mejora coyuntural en una reducción sostenida que no castigue el crecimiento ni traslade la factura a los hogares y a las empresas en los próximos años.

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