Santa Marta recupera Essmar, pero el verdadero desafío sigue siendo el agua
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Después de casi cinco años bajo intervención, Essmar vuelve al control del Distrito de Santa Marta tras la orden de la Superintendencia de Servicios Públicos de levantar la toma. La Alcaldía hereda ahora una crisis que sigue tocando el suministro de agua y el alcantarillado.
La Empresa de Servicios Públicos de Santa Marta, Essmar, vuelve a manos del Distrito luego de que la Superintendencia de Servicios Públicos ordenara poner fin a la toma de posesión que estaba vigente desde noviembre de 2021. La decisión marca el cierre de una etapa excepcional en la administración de la compañía, pero no resuelve por sí sola el problema de fondo: la ciudad sigue arrastrando una crisis estructural en agua potable y alcantarillado que afecta de manera directa la vida diaria de miles de samarios.
Con el levantamiento de la intervención, la Alcaldía de Santa Marta asume de nuevo el control de una empresa que durante años estuvo bajo vigilancia nacional por fallas operativas, financieras y administrativas. La medida de la Superservicios implica que el Distrito deberá responder ahora por la continuidad del servicio, el manejo de la infraestructura y la búsqueda de soluciones a una deuda histórica que se ha traducido en cortes, baja cobertura, colapsos del sistema y un malestar ciudadano que no distingue entre barrios formales e informales. En la práctica, el regreso al manejo local no cambia de inmediato la realidad de quienes siguen recibiendo agua por horas o dependen de costosas soluciones alternas.
Este movimiento tiene una lectura política y técnica. Política, porque el Distrito recupera una entidad estratégica en una ciudad donde el agua ha sido uno de los temas más sensibles de la agenda pública. Técnica, porque el reto no es solo administrativo: requiere inversión, planeación y capacidad de ejecución para modernizar redes, reducir pérdidas y enfrentar la presión sobre un sistema que ya venía mostrando señales de agotamiento antes de la intervención. La gran pregunta es si la Alcaldía tendrá margen fiscal y respaldo institucional para sostener una recuperación real o si el cambio de mando terminará siendo apenas una rotación de responsables frente a un problema que sigue sin resolverse.
Para los habitantes de Santa Marta, el anuncio no debe leerse como un cierre triunfal sino como el inicio de una nueva prueba. La ciudad recupera el control de Essmar, sí, pero también recupera la obligación de demostrar que puede administrar un servicio básico sin repetir los errores que llevaron a la intervención. En una capital turística que depende de su imagen, el agua no es un asunto secundario: es una condición para vivir, invertir y sostener la economía local. Lo que ocurra en los próximos meses dirá si esta decisión abre una etapa de soluciones o simplemente confirma que la crisis del agua en Santa Marta sigue siendo una tarea pendiente del Estado.




