Trump convierte al Pentágono rebautizado en propaganda de campaña con un comercial para TV

Imagen: clarin colombia
Donald Trump adelantó que el Departamento de Guerra estrenará su primer comercial para televisión en una gala de UFC en la Casa Blanca. La pieza, con el lema "Estados Unidos está ganando", refuerza la estrategia del presidente de convertir la fuerza militar en mensaje político.
Donald Trump volvió a usar la maquinaria del Estado como escenario político. El presidente de Estados Unidos anticipó en sus redes sociales que el Departamento de Guerra —nombre con el que ha rebautizado al Pentágono— estrenará un comercial para televisión durante la gala de UFC que se hará en la Casa Blanca, una puesta en escena que mezcla patriotismo, espectáculo y campaña permanente. El mensaje central de la pieza, según la información divulgada, será que "Estados Unidos está ganando", una consigna que busca vender fortaleza en momentos en que el republicano intenta proyectar orden, poder y control sobre las instituciones federales.
De acuerdo con la información conocida hasta ahora, se trata del primer aviso televisivo de esta nueva etapa del organismo de defensa bajo la etiqueta de Departamento de Guerra. El antecedente del comercial ya existía: mismo lema, imágenes casi idénticas y la misma intención de instalar una narrativa simple, contundente y emocional. No es un detalle menor. En política, la repetición no solo refuerza un mensaje; también revela que no se trata de una ocurrencia aislada, sino de una estrategia de comunicación cuidadosamente alineada con el estilo de Trump, que prefiere los símbolos de fuerza a las explicaciones técnicas y los matices institucionales.
El dato más relevante no es solo el anuncio del comercial, sino el lugar y el momento elegidos para exhibirlo. Estrenarlo en una gala de UFC en la Casa Blanca combina tres capas de lectura: la apropiación del aparato estatal, la asociación de la presidencia con la cultura de la confrontación y la normalización del espectáculo como forma de gobierno. Para una parte de su base, ese lenguaje resulta eficaz porque transmite autoridad y victoria. Para sus críticos, en cambio, confirma una deriva peligrosa: la militarización del discurso público y la conversión de una institución central de la seguridad nacional en una herramienta de propaganda. En Estados Unidos, donde la frontera entre comunicación oficial y marketing político ya se ha ido desdibujando, este gesto empuja todavía más lejos esa línea.
También hay una señal de fondo que importa más allá del ruido mediático. Si el Departamento de Guerra se presenta como marca de victoria y no como institución de defensa, el debate deja de girar sobre política exterior, presupuesto militar o seguridad nacional, y pasa a depender de la épica personal del presidente. Eso tiene consecuencias. Cambia la forma en que la ciudadanía percibe el poder militar, altera el tono del debate público y normaliza una idea: que el país gana cuando el líder logra dominar la narrativa, aunque los problemas estructurales sigan intactos. En esa ecuación, el comercial no es solo un anuncio; es una pieza más de la campaña de Trump para fundir Estado, espectáculo y liderazgo en una sola imagen.




