Washington enfría un acuerdo con Canadá y la tensión comercial gana terreno
Imagen: infobae estados unidos
Washington no acelera las negociaciones con Canadá pese a que la disputa comercial se endurece con nuevas restricciones y represalias en marcha. La señal desde la Casa Blanca sugiere que Estados Unidos está dispuesto a sostener la tensión antes que conceder rápido.
Estados Unidos no está mostrando prisa por cerrar un acuerdo con Canadá, aun cuando la disputa comercial entre ambos países entra en una fase más delicada. Jamieson Greer dejó claro que Washington acepta prolongar el pulso, pese a que la próxima semana podrían activarse nuevas restricciones y a que ya existen medidas de represalia en ambos lados de la frontera, según informó infobae estados unidos.
La posición estadounidense no es menor: implica que la Casa Blanca prefiere administrar el conflicto antes que resolverlo a corto plazo, incluso con el riesgo de profundizar la incertidumbre para empresas, exportadores y consumidores. En la práctica, esto significa más presión sobre sectores que dependen del intercambio bilateral, desde la industria automotriz hasta el agro, pasando por cadenas de suministro que cruzan diariamente la frontera y que funcionan con márgenes cada vez más ajustados.
El trasfondo es conocido, pero sigue siendo políticamente explosivo. Estados Unidos y Canadá mantienen una de las relaciones económicas más integradas del mundo, y cualquier fricción comercial entre ambos termina teniendo efectos más amplios de lo que sugieren las declaraciones diplomáticas. Cuando Washington deja entrever que puede tolerar una disputa prolongada, el mensaje no solo va dirigido a Ottawa: también busca marcar una línea dura hacia adentro, en un momento en que la política comercial vuelve a ser herramienta de presión y de cálculo electoral. Para los consumidores, esto puede traducirse en costos más altos y menor estabilidad en precios; para las empresas, en decisiones de inversión postergadas y contratos más frágiles.
Lo que viene dependerá de si ambas partes calculan que el costo de seguir escalando es mayor que el de ceder. Por ahora, el panorama apunta a una negociación sin urgencia real y con margen para que las represalias sigan engrosando la lista de daños colaterales. En disputas como esta, el problema no es solo quién cede primero, sino cuánto tarda la política en reconocer que el comercio, cuando se convierte en arma, rara vez deja ganadores.




