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EE.UU. endurece su plan para Gaza: exige que Hamas entregue las armas en 30 días

Hace 4 horas

Washington elevó la presión sobre Hamas y dejó claro que no habrá reconstrucción en Gaza sin desarme previo. El mensaje, enviado por Jared Kushner, reafirma además el respaldo de Estados Unidos al derecho de Israel a responder militarmente.

Estados Unidos está trazando una línea roja para el futuro de Gaza: no habrá avance real en la reconstrucción mientras Hamas conserve su capacidad militar. Así lo dejó claro Jared Kushner, enviado de Donald Trump para Medio Oriente, al advertir que Washington espera que el grupo palestino empiece a entregar sus armas en un plazo de 30 días como condición inicial para mover cualquier plan de paz, una señal que endurece el tono de la Casa Blanca y reordena el tablero diplomático en la región.

La posición estadounidense, según informó infobae mundo, combina dos mensajes simultáneos: presión sobre Hamas y respaldo político a Israel. Kushner sostuvo que no se permitirá que la reconstrucción avance si el grupo sigue armado, y reafirmó el derecho israelí a defenderse, una fórmula que en la práctica coloca el desarme como requisito previo y no como consecuencia de un eventual acuerdo. En términos concretos, Washington busca impedir que la ayuda internacional termine fortaleciendo a una organización que considera una amenaza de seguridad, mientras intenta sostener la narrativa de que la estabilidad solo puede llegar si desaparece la capacidad ofensiva de Hamas.

El anuncio importa porque revela el tipo de paz que Estados Unidos está dispuesto a impulsar: una paz condicionada, vigilada y profundamente asimétrica. En Gaza, donde la devastación humanitaria convive con la disputa por el control político y militar, cualquier plan de reconstrucción depende no solo del ingreso de fondos, sino de quién controlará el territorio y bajo qué garantías. Poner el desarme en el centro del debate equivale a presionar a Hamas en su punto más sensible, pero también a endurecer las probabilidades de negociación, especialmente si el grupo interpreta la exigencia como una capitulación. Para la población civil, atrapada entre la destrucción, el bloqueo y la incertidumbre, la promesa de reconstrucción sigue atada a decisiones que se toman lejos de sus ruinas.

El trasfondo no es menor. Estados Unidos intenta conservar el rol de árbitro principal en un conflicto que lleva décadas sin una salida estable, pero lo hace desde una postura cada vez más alineada con las prioridades de seguridad de Israel y menos dispuesta a conceder margen político a Hamas. Si la hoja de ruta de 30 días se mantiene, el próximo mes será clave para medir si este intento de paz avanza hacia una desmilitarización real o si termina sumándose a la larga lista de iniciativas que chocan con la desconfianza mutua, la presión regional y la fragilidad extrema de Gaza.

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