Estados Unidos

EE. UU. reafirma su apoyo a la Asamblea de 2015 y revive la presión sobre Maduro

Hace 1 hora

Washington volvió a respaldar a la Asamblea Nacional elegida en 2015 como la única referencia democrática válida que aún reconoce en Venezuela. El gesto, tras una reunión entre John Barrett y Dinorah Figuera, reaviva la pulseada política con Nicolás Maduro y envía una señal a la oposición dispersa.

Estados Unidos volvió a poner sobre la mesa su respaldo a la Asamblea Nacional elegida en 2015 y la describió como la última instancia democrática que reconoce en Venezuela, un mensaje político que va mucho más allá de una cortesía diplomática. El pronunciamiento de la embajada estadounidense en Caracas llegó después de un encuentro entre el encargado de negocios, John Barrett, y la dirigente opositora Dinorah Figuera, en un momento en el que la fractura institucional venezolana sigue sin resolverse y la comunidad internacional mira con cautela cualquier intento de recomposición política.

La reunión no fue un simple saludo protocolario. En la práctica, reafirmó que Washington mantiene su apuesta por una legitimidad originada en el voto y no en los mecanismos de poder instalados por el chavismo en los últimos años. Figuera, una de las figuras visibles de la oposición que ha buscado sostener la vigencia política de esa Asamblea, encontró en el gesto estadounidense un espaldarazo en medio de un escenario adverso, marcado por la persecución a dirigentes opositores, la fragmentación de sus liderazgos y la pérdida de capacidad real de decisión dentro del país. Para la administración estadounidense, la referencia a la Asamblea de 2015 funciona como una línea de continuidad: una forma de decir que, pese al desgaste, la elección parlamentaria de aquel año sigue siendo la base más sólida de legitimidad institucional que reconoce en Venezuela.

El trasfondo es evidente. La crisis venezolana ya no se mide solo por elecciones cuestionadas o por disputas entre poderes paralelos, sino por el vaciamiento progresivo de los contrapesos democráticos. En ese terreno, el respaldo de Estados Unidos tiene un valor simbólico y también estratégico: preserva un interlocutor opositor con cierto reconocimiento externo y mantiene viva la idea de que la salida a la crisis debe pasar por una restauración democrática, no por una normalización automática del statu quo. Esto importa fuera de Caracas porque Venezuela sigue siendo un factor de presión regional, desde el éxodo migratorio hasta la estabilidad política de países vecinos como Colombia, que cargan con buena parte de las consecuencias humanitarias y económicas del colapso institucional venezolano.

La señal de Washington también deja claro que, pese a los cambios de tono en la diplomacia estadounidense hacia Caracas, la discusión sobre legitimidad no está cerrada. Mientras el gobierno de Maduro busca proyectar control interno y reconocimiento internacional, la oposición insiste en sostener espacios de representación que le permitan no desaparecer del mapa político. En ese pulso, cada comunicado, cada reunión y cada gesto oficial siguen teniendo peso. Lo que Estados Unidos acaba de ratificar no es solo una postura administrativa: es una declaración de que, al menos para la Casa Blanca, la batalla por la democracia venezolana todavía no termina.

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