EE.UU. y Arabia Saudita golpean milicias proiraníes en Irak tras ola de ataques con drones
Imagen: infobae mundo
Estados Unidos y Arabia Saudita ejecutaron un bombardeo conjunto contra posiciones de milicias proiraníes en el este de Irak, tras una escalada de ataques con drones atribuidos al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán. La operación buscó golpear centros de abastecimiento y arsenales en una zona ya convertida en punto crítico de la tensión regional.
Estados Unidos y Arabia Saudita atacaron este jueves varias posiciones de milicias proiraníes en el este de Irak, en una operación que, según el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), se dirigió contra centros de abastecimiento y depósitos de armas. El golpe llega después de una seguidilla de más de 30 incursiones con drones en apenas 72 horas, atribuidas por Washington al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), una señal clara de que la confrontación ya no se limita a mensajes diplomáticos ni a choques indirectos.
De acuerdo con información divulgada por el CENTCOM, la acción militar buscó degradar la capacidad operativa de esas milicias, que desde hace meses han intensificado sus ataques en un tablero regional cada vez más inestable. El este de Irak, por su cercanía con la frontera iraní y por la presencia de grupos armados alineados con Teherán, se ha convertido en uno de los puntos más sensibles de la rivalidad entre Washington y el eje de influencia iraní en Medio Oriente. La operación conjunta con Arabia Saudita no es un detalle menor: muestra que Riad y Washington siguen coordinando respuestas frente a lo que consideran una amenaza compartida para la seguridad regional.
El trasfondo de este episodio es más amplio que un intercambio de fuego. La ofensiva llega en un momento en que la región vive una acumulación peligrosa de frentes abiertos: ataques contra bases y rutas logísticas, presión sobre el tráfico energético, y una guerra de desgaste entre actores estatales y milicias que operan con distintos niveles de autonomía. Cuando se atacan arsenales y centros de abastecimiento, el objetivo no es solo castigar una acción puntual, sino reducir la capacidad de sostener futuras operaciones. En términos prácticos, eso significa intentar cortar la cadena que permite que drones, cohetes y vehículos armados sigan moviéndose con relativa rapidez en zonas donde el Estado central tiene control limitado.
La implicación inmediata es que Irak vuelve a quedar en medio de una disputa que no controla del todo. Para la población civil, cada escalada aumenta el riesgo de desplazamientos, interrupción de servicios y nuevas represalias. Para Estados Unidos, el desafío sigue siendo evitar que estos ataques se expandan hacia una confrontación más amplia con Irán o con grupos aliados en otros países. Y para Arabia Saudita, el mensaje es igualmente claro: la seguridad del Golfo sigue dependiendo de frenar a tiempo a actores que operan desde las sombras, pero con capacidad real de desestabilizar una región entera.


