El relevo criminal que amenaza a los transportadores en Villavicencio

Imagen: infobae colombia
Un informe revelado por Infobae Colombia identifica al hombre que habría heredado la operación criminal de alias ‘Winnie Pooh’ dentro de las disidencias de ‘Iván Mordisco’. Se trata de ‘Alirio Barreto’, señalado además de cobrar sumas millonarias a conductores de carga en Villavicencio para dejarlos circular.
La presión criminal sobre los transportadores en Villavicencio habría cambiado de nombre, pero no de método. Según un informe al que tuvo acceso Infobae Colombia, el hombre identificado como ‘Alirio Barreto’ sería el sucesor de alias ‘Winnie Pooh’ dentro de las disidencias de ‘Iván Mordisco’, y estaría detrás de una estructura que cobra millones de pesos a los conductores de vehículos de carga para permitirles el paso por la capital del Meta y sus corredores de acceso. El dato no es menor: en una ciudad que funciona como bisagra entre el centro del país y los Llanos, el control de la movilidad de carga se convierte en una fuente de renta ilegal y en una forma de dominación territorial.
De acuerdo con la información divulgada por el medio, el informe no solo ubica a Barreto como relevo dentro de esa red armada, sino que lo asocia con la continuidad de un esquema de extorsión que golpea directamente a transportadores, empresarios y comerciantes que dependen del tránsito de mercancías. La lógica es conocida y devastadora: a mayor flujo de camiones, mayor capacidad de recaudo para las estructuras criminales que imponen peajes ilegales, amenazan a los conductores y fijan tarifas de miedo para dejar pasar la carga. En la práctica, eso significa más costos para mover alimentos, insumos y productos básicos, y más riesgo para quienes trabajan en la carretera.
El caso importa porque muestra cómo las disidencias no operan solo como grupos armados en disputa por rutas lejanas, sino como organizaciones que buscan capturar economías locales y convertirlas en caja menor. Villavicencio, por su ubicación estratégica, es un punto clave para el comercio con los Llanos Orientales y una zona donde cualquier alteración en el transporte tiene impacto inmediato en precios, abastecimiento y seguridad. Si el informe atribuye correctamente ese poder a Barreto, estaríamos ante la evidencia de una estructura que no depende únicamente de la violencia visible, sino de la capacidad de administrar el miedo como negocio. Y esa es una de las formas más eficaces de control criminal: no necesitan ocupar una ciudad con uniformes; les basta con que los conductores sepan a quién deben pagar para seguir andando.
En un país donde el transporte de carga sostiene buena parte de la economía cotidiana, este tipo de revelaciones también obliga a mirar más allá del nombre propio. La pregunta de fondo es cuántas redes similares siguen activas en los corredores estratégicos del país, cuántos costos ocultos están asumiendo los transportadores y qué tan expuestas están las regiones donde el Estado llega tarde o llega fragmentado. Si la identificación de ‘Alirio Barreto’ confirma una nueva fase en la cadena de mando de estas disidencias, el problema ya no es solo quién manda en la organización, sino qué tan extendido está el sistema que le permite cobrarle a toda una economía por el derecho básico de circular.


