38 estudiantes de Girón podrían perder el grado por un error en su inscripción al Icfes
Imagen: El Tiempo (Colombia)
38 estudiantes de grado once de un colegio en Girón podrían quedar sin graduarse porque, por un error administrativo, no fueron inscritos en las Pruebas Saber que aplicará el Icfes el 26 de julio. El caso ya encendió la alarma entre padres de familia, que dicen haber pagado los costos correspondientes.
Un error administrativo tiene hoy en vilo a 38 estudiantes de grado once de un colegio de Girón, Santander, que podrían quedarse sin graduarse por no haber sido inscritos en las Pruebas Saber del Icfes, programadas para el 26 de julio. El caso, revelado por El Tiempo (Colombia), no solo pone bajo presión a la institución educativa, sino que abre preguntas incómodas sobre el control interno de los procesos escolares y el impacto real que un trámite mal hecho puede tener en la vida de decenas de familias.
De acuerdo con la información conocida, los menores habrían cumplido con el pago exigido para participar en la evaluación, pero por una falla que al parecer fue administrativa nunca quedaron registrados ante el Icfes. Eso significa que, si no se encuentra una salida rápida, los estudiantes podrían perder una de las condiciones necesarias para culminar su bachillerato. Para padres y acudientes, la indignación es doble: no solo habría dinero entregado, sino también la sensación de que el futuro académico de sus hijos quedó atrapado en una negligencia evitable.
Este episodio importa más allá del caso puntual porque toca una de las nervaduras más sensibles del sistema educativo colombiano: la dependencia de un examen estandarizado para cerrar el ciclo escolar. Las Pruebas Saber 11 no son un simple requisito burocrático; para miles de jóvenes representan la puerta de entrada a la universidad, a becas, a programas técnicos y, en muchos casos, a la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida. Cuando una institución falla en la inscripción, el golpe no es solo administrativo: es social, familiar y económico. Además, el caso deja en evidencia la fragilidad con la que algunas escuelas manejan procesos que deberían estar blindados contra errores de esta magnitud.
Ahora la presión recae sobre el colegio, las autoridades educativas y el propio Icfes para determinar si existe una salida excepcional que evite castigar a los estudiantes por una falla ajena a ellos. Más allá de si se corrige a tiempo o no, el daño ya está hecho: la confianza de los padres quedó rota y los estudiantes enfrentan una incertidumbre que no deberían cargar a pocos días de una prueba decisiva. En un país donde cada trámite puede definir oportunidades, este caso recuerda que la desorganización institucional también puede cerrar puertas antes de que un joven siquiera tenga la opción de tocarla.



