Estudiantes de la UNAM preparan marcha para exigir que el examen 2026 vuelva a ser presencial

Imagen: infobae
La presión de miles de aspirantes volvió a poner bajo la lupa el modelo de admisión de la UNAM. Estudiantes preparan una marcha para exigir que el examen de ingreso 2026 sea presencial y no en línea.
La discusión sobre el ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México volvió a encenderse: un grupo de estudiantes y aspirantes al Examen UNAM 2026 anunció una marcha para exigir que la prueba de admisión se aplique de forma presencial. El trasfondo no es menor: el aumento en los puntajes necesarios para entrar a las carreras más demandadas reavivó la desconfianza sobre un proceso que, desde que migró al entorno digital, ha sido cuestionado por su capacidad para garantizar condiciones parejas para todos los aspirantes.
De acuerdo con información difundida por infobae, la movilización busca presionar a la universidad para que revierta la modalidad en línea y regrese al esquema tradicional. Quienes impulsan la protesta sostienen que el examen presencial ofrece mayores garantías de control, transparencia y equidad, especialmente en una institución donde competir por un lugar ya es, en sí mismo, una batalla desigual. En carreras como medicina, derecho, ingeniería y ciencias, donde los aciertos requeridos se han elevado, cualquier duda sobre el formato del examen termina amplificando la sensación de que el acceso depende no solo del mérito, sino también de las condiciones técnicas y logísticas del aspirante.
El debate importa porque la UNAM no es una universidad cualquiera: es una de las puertas de movilidad social más importantes de México. Cuando miles de jóvenes pelean por una plaza, lo que está en juego no es solo un trámite académico, sino el futuro profesional de una generación que ve en la educación pública una vía concreta para mejorar su vida. En ese contexto, el paso a un examen en línea ha abierto una conversación más amplia sobre la digitalización de los procesos educativos, sus ventajas y sus riesgos. Para unos, la modalidad remota moderniza el acceso; para otros, introduce nuevas barreras y deja espacio a sospechas difíciles de disipar, sobre todo en un país donde la brecha tecnológica sigue marcando diferencias de origen.
La marcha de estudiantes, más allá de su capacidad real para cambiar la decisión de la universidad, funciona como una señal política y social: el tema de admisión sigue siendo sensible y cualquier ajuste en el procedimiento toca fibras profundas. Si la UNAM mantiene el examen en línea, tendrá que sostener con argumentos técnicos y resultados la confianza pública en el modelo. Si decide volver al formato presencial, reconocerá que la discusión no es solo administrativa, sino también de legitimidad. En cualquiera de los escenarios, la presión de los aspirantes confirma que el acceso a la educación superior en México sigue siendo uno de los termómetros más claros de la desigualdad del país.




