Vallenato y política: Diomedes Díaz entra en la campaña de Abelardo de la Espriella

Imagen: infobae colombia
La campaña de Abelardo de la Espriella sumó un recurso que en Colombia siempre mueve emociones: el vallenato. Según informó infobae colombia, una nueva versión de Éxito, de Diomedes Díaz, fue adaptada por Álex Manga y Óscar Gamarra para expresar respaldo al aspirante de derecha.
La campaña presidencial de Abelardo de la Espriella acaba de sumar un refuerzo que no pasa desapercibido: una nueva versión de Éxito, el vallenato de Diomedes Díaz, fue reinterpretada por Álex Manga y Óscar Gamarra como una muestra explícita de apoyo al candidato de derecha. La jugada tiene una lectura inmediata: no se trata solo de una pieza musical, sino de un mensaje político diseñado para conectar con un electorado que reconoce en el vallenato una identidad regional, emocional y profundamente popular. Según informó infobae colombia, varios artistas unieron su creatividad para lanzar esta adaptación inédita con fines de campaña.
El movimiento revela una estrategia clásica pero efectiva en la política colombiana: apropiarse de símbolos culturales que ya tienen arraigo en la memoria colectiva. Diomedes Díaz no es cualquier nombre; sigue siendo una figura central en la historia del vallenato y, por extensión, en la construcción simbólica de buena parte del Caribe colombiano. Que una de sus canciones termine asociada a una candidatura no es un detalle menor, porque convierte la música en vehículo de adhesión política. En este caso, la versión interpretada por Manga y Gamarra busca amplificar el respaldo al aspirante conservador con un lenguaje más cercano al territorio que a la propaganda tradicional.
Esto importa porque las campañas en Colombia no solo se juegan en debates, propuestas y encuestas, sino también en la disputa por el imaginario cultural. Usar un vallenato reconocido para mover simpatías puede resultar más persuasivo que cualquier pieza de marketing electoral, sobre todo en regiones donde la música es parte de la vida cotidiana y donde la identificación con ciertos artistas pesa tanto como el discurso de un candidato. Al mismo tiempo, esta clase de alianzas expone una tensión recurrente: hasta qué punto la cultura popular se convierte en un instrumento de campaña y qué tan cómodo resulta para los votantes ver sus referentes artísticos alineados con una causa política específica.
En el fondo, el episodio dice más sobre la campaña que sobre la canción. Abelardo de la Espriella intenta consolidar una narrativa de cercanía con sectores que se reconocen en valores de orden, tradición y regionalismo, y el vallenato le sirve como atajo emocional para llegar a ese público. Para sus críticos, en cambio, la estrategia confirma que la política colombiana sigue recurriendo a figuras del espectáculo para compensar la falta de debate programático. Lo cierto es que, en un país donde la música tiene tanto peso como el discurso, una canción puede terminar valiendo tanto como un mitin. Y esta vez, esa canción ya no solo pertenece al repertorio popular: también entró a la campaña.



