Política

Uribe denuncia persecución política mientras Deluque toma ventaja en el Senado

Hace 1 día

La disputa por la presidencia del Senado subió de tono con la llegada de la nueva legislatura, mientras Álvaro Uribe pidió no convertir la política en una “persecución al adversario”. En paralelo, Julián David López Deluque aparece como favorito y el Centro Democrático empuja la candidatura de Honorio Henríquez.

La pulseada por la presidencia del Senado arrancó con una señal política de fondo: Álvaro Uribe salió a rechazar lo que describió como una persecución contra el contradictor, justo cuando Julián David López Deluque se consolida como el nombre con más opción para quedarse con la dirección de la corporación en la nueva legislatura. En el otro extremo del tablero, el Centro Democrático mantiene su respaldo a Honorio Henríquez, lo que deja ver una disputa que no es solo por un cargo interno, sino por el control simbólico de una de las mesas más influyentes del Congreso.

Según informó El Tiempo - Política, Deluque se ha ido posicionando como la alternativa con mayores posibilidades, en medio de conversaciones entre bancadas y movimientos de última hora para asegurar mayorías. El Centro Democrático, por su parte, no ha cedido en su apuesta por Henríquez, un senador identificado con la línea más dura de esa colectividad y con capacidad de aglutinar apoyos entre sectores que quieren marcar distancia del Gobierno y de eventuales acuerdos con otras fuerzas. La declaración de Uribe, en ese contexto, funciona como mensaje político doble: defensa de su partido y advertencia frente a cualquier intento de usar la institucionalidad del Congreso como escenario de retaliación.

Este episodio importa porque la presidencia del Senado no es un cargo decorativo. Quien la ocupa administra el ritmo legislativo, define prioridades, modera debates y puede influir en la relación entre el Congreso y la Casa de Nariño. En Colombia, donde las coaliciones son frágiles y las alianzas cambian con rapidez, ese puesto suele convertirse en termómetro de poder. Si Deluque termina imponiéndose, sería una señal de mayor capacidad de articulación entre sectores no uribistas y bancadas dispuestas a cerrar filas alrededor de una agenda de gobernabilidad. Si Henríquez logra revertir la tendencia, el Centro Democrático enviaría el mensaje de que sigue teniendo músculo para disputar espacios clave aun sin controlar el Ejecutivo.

Más allá de la pelea por nombres, el cruce deja ver una tensión que atraviesa buena parte de la política colombiana: la dificultad para distinguir entre oposición firme y hostilidad institucional. Uribe intenta poner el debate en ese marco, presentando a su sector como víctima de una animadversión política que, a su juicio, no debería normalizarse. Pero el trasfondo es más amplio: la presidencia del Senado se ha vuelto una pieza estratégica para ordenar mayorías, contener choques y medir el verdadero poder de cada bloque. Lo que ocurra en esa votación no solo definirá quién preside la cámara alta; también dirá qué tan sólida es la arquitectura política que sostendrá la próxima etapa legislativa, y hasta dónde están dispuestos a ceder —o a confrontar— los distintos actores del Congreso.

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