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Filipinas enfrenta una crisis mayor tras el sismo de 7,8 en Mindanao

Hace 2 horas

Filipinas sigue midiendo el alcance del terremoto de magnitud 7,8 que golpeó Mindanao y dejó al menos 45 muertos, 17 desaparecidos y cientos de heridos. La emergencia ya compromete agua, electricidad, hospitales y miles de viviendas en una de las regiones más golpeadas del archipiélago.

Filipinas atraviesa una nueva emergencia humanitaria tras el terremoto de magnitud 7,8 que sacudió el lunes la isla sureña de Mindanao y que, según elevó este miércoles el balance oficial, deja al menos 45 fallecidos, 17 desaparecidos y 630 heridos. La magnitud del desastre no se mide solo en víctimas: cerca de 200.000 personas han resultado afectadas y varias provincias del sur del archipiélago siguen sin electricidad ni acceso estable a agua potable, una combinación que agrava el riesgo sanitario mientras continúan las labores de rescate.

De acuerdo con el último reporte del Consejo Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres, el sismo golpeó infraestructura crítica y provocó daños en edificios gubernamentales, viviendas, carreteras y puentes. A ello se sumó una secuencia de alrededor de 2.000 réplicas en las últimas 48 horas, algunas de ellas de intensidad considerable, según los registros de Philvocs, la agencia sismológica local. Por ahora, el Gobierno calcula que las pérdidas preliminares en infraestructura ascienden a 562 millones de pesos filipinos, unos 9,1 millones de dólares, aunque esa cifra podría crecer a medida que los equipos de evaluación logren entrar en las zonas más afectadas.

Los datos del Departamento de Bienestar Social de Filipinas muestran la dimensión social del golpe: 197.750 personas quedaron impactadas por el movimiento telúrico en Mindanao, la segunda isla más grande del país. Además, 7.866 viviendas sufrieron daños y 1.596 quedaron completamente destruidas, obligando a miles de familias a buscar refugio en albergues temporales instalados por las autoridades. En paralelo, el presidente Ferdinand Marcos Jr. se trasladó a la zona y ordenó priorizar la revisión de hospitales y centros de salud para garantizar la seguridad de los pacientes que requieran atención urgente, una medida que refleja la fragilidad de la respuesta cuando el sistema sanitario también queda expuesto al desastre.

El terremoto vuelve a dejar al descubierto la vulnerabilidad de Filipinas, un país asentado sobre el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, donde los eventos sísmicos son frecuentes pero no por eso menos devastadores. En una región como Mindanao, donde muchas comunidades dependen de carreteras precarias, servicios públicos limitados y viviendas construidas con materiales de baja resistencia, cada réplica prolonga la incertidumbre y complica la recuperación. Mientras tanto, la respuesta solidaria comienza a activarse: el boxeador Manny Pacquiao anunció una campaña de donaciones para las víctimas, un gesto que, más allá de su valor simbólico, subraya una realidad incómoda para cualquier país expuesto a catástrofes naturales: cuando la tierra se mueve, también se revelan las desigualdades que soportan el golpe con menos recursos.

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