Política

Arias ve una elección partida por edad y raza y da ventaja a De la Espriella

Hace 1 hora

Andrés Felipe Arias ve la segunda vuelta colombiana marcada por una fractura étnico-racial y generacional. En entrevista con El Tiempo, señala territorios decisivos y cree que Abelardo De la Espriella llega con alta opción de triunfo.

La lectura política que dejó Andrés Felipe Arias en conversación con María Isabel Rueda, publicada por El Tiempo - Política, apunta a una campaña que ya no se explica solo por ideologías o maquinarias, sino por divisiones sociales más profundas. Para el exministro, la segunda vuelta se juega sobre una fractura étnico-racial y también de edades, una combinación que revela hasta qué punto la elección ha dejado de ser una contienda tradicional para convertirse en un pulso entre identidades, generaciones y regiones. En ese marco, Arias ubica varios territorios como clave para el desenlace y sostiene que Abelardo De la Espriella llega con una probabilidad alta de imponerse.

Esa afirmación no es menor, porque en Colombia las segundas vueltas suelen definirse menos por la lealtad ideológica y más por la capacidad de los aspirantes para agrupar rechazos, despertar votos emocionales y conectarse con zonas del país donde el malestar pesa más que la disciplina partidista. Cuando un dirigente político habla de una fractura étnico-racial, está señalando algo más que una diferencia de preferencias: está sugiriendo que el voto se está ordenando por pertenencias históricas, por percepciones de exclusión y por una lectura del país en la que unos sectores sienten que representan el cambio y otros la defensa del orden. Si además la disputa se cruza con la edad, el mensaje es todavía más claro: hay un choque entre un electorado joven que demanda ruptura y un segmento más adulto que busca certezas, seguridad y estabilidad.

Lo relevante de este diagnóstico es que ayuda a entender por qué la campaña entra en una fase donde los márgenes de maniobra se reducen y cada territorio adquiere un peso desproporcionado. En una segunda vuelta, los candidatos no solo necesitan sumar votos; deben reorganizar la conversación pública en pocas semanas, convencer a indecisos y evitar que el rival convierta el miedo en motor de participación. Por eso, cuando Arias habla de territorios decisivos, está apuntando al viejo mapa de la política colombiana: las zonas donde el Estado llega tarde, donde las identidades regionales pesan más que los partidos y donde el voto suele responder a agravios acumulados. En un país con desigualdades tan marcadas, esos escenarios pueden inclinar una elección tanto como un debate televisado o una gran encuesta.

También hay una lectura más amplia detrás de la apuesta de Arias por De la Espriella. Su pronóstico sugiere que ve un electorado dispuesto a premiar un discurso de choque, de confrontación y de ruptura con el establishment político, incluso si eso profundiza la polarización. Si esa interpretación se confirma, la elección no solo definirá un presidente: también mostrará qué tipo de país está ganando fuerza en las urnas, uno más inclinado a la confrontación identitaria o uno capaz de contenerla. Para la ciudadanía, el dato importa porque anticipa el clima que vendrá después de la elección: un gobierno que nacerá con respaldo territorial desigual y con una sociedad todavía más dividida entre edades, regiones y percepciones de pertenencia.

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