Estados Unidos

Lavar no siempre alcanza: lo que revela Harvard sobre residuos en frutillas y arándanos

Hace 2 horas

Un informe que reunió 47 estudios internacionales pone en duda la idea de que lavar frutas del bosque elimine por completo los pesticidas. La diferencia clave está en el tipo de compuesto: algunos se reducen, pero los sistémicos pueden permanecer dentro del fruto.

Un informe que compiló 47 estudios internacionales dejó una advertencia incómoda para quienes creen que un enjuague basta para limpiar frutillas, moras y arándanos: el lavado y el remojo pueden bajar parte de los residuos, pero no son una solución total. La conclusión central, según el análisis citado por infobae estados unidos, es que la eficacia depende de qué sustancia esté presente en la fruta y de si el compuesto quedó en la superficie o fue absorbido por la planta durante su crecimiento.

La diferencia no es menor. Los estudios comparados evaluaron distintos métodos de lavado y remojo, y encontraron que una parte de los residuos puede desaparecer cuando están adheridos a la cáscara o a la superficie del fruto. Pero otra categoría, la de los pesticidas sistémicos, plantea un problema más difícil: esos compuestos penetran el tejido de la planta y, por lo tanto, no se eliminan por completo con agua ni con una remoción externa. En otras palabras, el baño ayuda, pero no hace magia. Para un consumidor que compra estas frutas pensando en salud, el dato cambia la conversación: el riesgo no desaparece solo porque el producto se vea limpio.

Esto importa porque las frutas del bosque se consumen casi siempre crudas, sin cáscara que retire una capa protectora ni cocción que reduzca compuestos. Además, son alimentos asociados con dietas saludables, alto valor nutricional y fuerte demanda en mercados como Estados Unidos y Colombia, donde el consumo ha crecido en supermercados, tiendas especializadas y canastas domésticas. El hallazgo también pone sobre la mesa una discusión más amplia: la responsabilidad no puede recaer únicamente en el consumidor. Si algunos residuos permanecen aun después del lavado, entonces el verdadero debate está en el control agrícola, la trazabilidad y el uso de agroquímicos desde el cultivo.

El mensaje de fondo es claro: lavar sigue siendo una práctica necesaria, pero no debe confundirse con una garantía absoluta de inocuidad. Para las familias, esto significa revisar mejor la procedencia de lo que compran y entender que no todos los residuos tienen el mismo comportamiento. Para la industria y los reguladores, el informe recuerda que la seguridad alimentaria no se resuelve en el fregadero de la cocina, sino mucho antes, en el campo y en la cadena de producción. En una época en la que la alimentación saludable se vende como un ideal, estos estudios obligan a mirar con más realismo lo que realmente llega al plato.

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