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Adelaide conserva su plan original y une playas, colinas y parques

Hace 1 hora

Adelaide, capital de Australia del Sur, sigue funcionando casi como fue diseñada hace 187 años: una ciudad de cuadrícula rodeada por parques y con acceso directo a playas y colinas. El trazado de William Light se mantiene como una rareza urbana que hoy define su identidad y su atractivo turístico.

Adelaide conserva un rasgo que pocas ciudades del mundo pueden exhibir sin haber sido devorada por el crecimiento desordenado: su plan urbano original sigue prácticamente intacto. Fundada en 1836 y delineada un año después por el agrimensor William Light, la capital de Australia del Sur mantuvo una cuadrícula de calles rectas, plazas y un anillo de parques que todavía hoy enmarca a una ciudad de casi 1,5 millones de habitantes. Lo que en su momento fue una decisión de diseño se transformó con el tiempo en una marca de identidad urbana.

Según informó infobae mundo, la estructura pensada por Light no solo organizó el centro de la ciudad, sino que además dejó una huella funcional y estética difícil de replicar en otras capitales. Adelaide quedó rodeada por amplias zonas verdes que actúan como frontera natural entre el núcleo urbano y sus alrededores, mientras que su geografía le permite conectar con rapidez dos paisajes muy distintos: las playas del litoral y las colinas del interior. Esa combinación explica por qué la ciudad no solo se estudia por su planificación, sino también por la calidad de vida que ofrece a residentes y visitantes.

El valor de Adelaide va más allá de la nostalgia histórica. En tiempos en que muchas urbes crecen sin orden, con infraestructura saturada y acceso desigual a espacios públicos, esta ciudad australiana aparece como un caso útil para pensar otra forma de desarrollo. Su diseño favorece la movilidad, la orientación y el acceso a áreas abiertas, elementos que hoy pesan tanto en la vida cotidiana como en el turismo. Recorrer Adelaide implica atravesar una capital que todavía respeta su mapa fundacional, pero que también se ha adaptado a las necesidades de una metrópoli moderna sin borrar del todo su origen.

Ese equilibrio entre pasado y presente es, en el fondo, lo que vuelve singular a Adelaide. No se trata solo de una ciudad bonita o bien ordenada, sino de una capital que logró conservar una lógica urbana pensada hace casi dos siglos y convertirla en parte de su propuesta contemporánea. En una época en la que las ciudades compiten por calidad de vida, espacio público y conexión con la naturaleza, Adelaide ofrece una respuesta inesperadamente antigua y, al mismo tiempo, muy vigente.

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