Fuga de alias "Tito" pone presión sobre la paz con los Comuneros del Sur

Imagen: infobae colombia
La fuga de alias "Tito" en Pasto encendió alarmas sobre el proceso de paz con los Comuneros del Sur. Especialistas advierten que este tipo de episodios golpea la credibilidad de las negociaciones y profundiza la incertidumbre política.
La fuga de alias "Tito" en Pasto no solo representa un problema de seguridad puntual: también abre una grieta en la confianza alrededor del proceso de paz con los Comuneros del Sur. En un escenario donde cada gesto cuenta y donde la legitimidad de la mesa depende tanto de los avances como de la capacidad del Estado para controlar los hechos sobre el terreno, una salida así termina proyectando una señal incómoda: si el sistema no logra contener a uno de los protagonistas del conflicto, ¿qué tan sólido puede ser el camino hacia un acuerdo duradero?
Especialistas consultados en torno al caso advierten que episodios de este tipo suelen tener un efecto político inmediato. Debilitan la credibilidad de las negociaciones, alimentan dudas sobre los mecanismos de verificación y aumentan la sensación de que el proceso puede estar caminando sobre terreno inestable. Según esa lectura, la fuga no se interpreta únicamente como un incidente operativo, sino como un síntoma de fragilidad institucional en un momento en el que la opinión pública exige resultados concretos, seguridad y garantías mínimas para creer que la negociación produce algo más que titulares.
El problema de fondo es que los procesos de paz no se sostienen solo con voluntad política. Requieren control territorial, seguimiento judicial, confianza entre las partes y una arquitectura de cumplimiento que impida que hechos como este desordenen la mesa. Cuando ocurre una fuga en una ciudad como Pasto, el impacto se extiende más allá del caso individual: se alimenta el escepticismo de sectores que ya ven con desconfianza cualquier acercamiento con grupos armados, se fortalece el discurso de quienes consideran que las concesiones no ofrecen resultados tangibles y se estrecha el margen para defender políticamente la negociación frente a la ciudadanía. En contextos de alta polarización, cada falla operativa se convierte rápidamente en argumento contra la paz.
Por eso la preocupación no es exagerada. Si el proceso con los Comuneros del Sur quiere conservar respaldo, tendrá que demostrar que puede resistir golpes de credibilidad como este sin perder rumbo. La ciudadanía, especialmente en territorios que han cargado durante años con el costo de la violencia, no evalúa las mesas por sus intenciones, sino por sus resultados: menos incertidumbre, más seguridad y señales claras de que el Estado sí controla lo que dice controlar. La fuga de alias "Tito" deja una advertencia clara: sin confianza, no hay negociación que aguante demasiado tiempo.



