Colombia

Fútbol y urnas en el mismo día: por qué el Mundial no cambiaría la segunda vuelta en Colombia

Hace 11 horas

El 21 de junio Colombia elegirá presidente en medio de la fiebre del Mundial y con cuatro partidos programados ese mismo día. Pese al ruido futbolero, un experto cree que la segunda vuelta se decidirá por el voto y no por la pantalla.

El 21 de junio, Colombia volverá a las urnas para definir a su próximo presidente, y lo hará en una jornada atravesada por un factor que en otro país podría parecer decisivo: cuatro partidos de la Copa del Mundo en la misma fecha. La coincidencia ha encendido la conversación sobre si el fútbol, con su capacidad de capturar la atención pública, puede restarle peso a una segunda vuelta electoral que ya llega cargada de polarización, cansancio ciudadano y expectativas sobre el rumbo político del país. Sin embargo, la lectura de un experto consultado por Infobae Colombia va en sentido contrario: la fiebre mundialista será ruido de fondo, no el árbitro de la elección.

De acuerdo con esa apreciación, la contienda presidencial no se moverá por la agenda deportiva sino por los asuntos que vienen marcando la decisión de los votantes desde la primera vuelta: economía, seguridad, confianza institucional, empleo, inflación y el tipo de liderazgo que Colombia quiere para los próximos cuatro años. La presencia de varios partidos del Mundial en la misma jornada sí podría alterar hábitos cotidianos, especialmente en hogares donde el fútbol organiza la rutina, pero eso no equivale a decir que redefinirá el comportamiento electoral. En otras palabras, el país puede estar mirando la pelota mientras deposita su voto, pero la decisión de fondo seguirá determinada por la percepción que cada ciudadano tenga sobre su futuro inmediato.

Ese matiz importa porque en Colombia el fútbol suele leerse como un termómetro emocional de masas, pero una elección presidencial no se resuelve en la emoción del momento sino en la acumulación de preferencias políticas. A diferencia de una fase de eliminatoria o de un partido de alta tensión, la segunda vuelta exige una decisión binaria y más racionalizada: escoger entre dos proyectos de país. Por eso, aunque el calendario deportivo compita por espacios en la conversación pública, el peso real lo tienen las campañas, la capacidad de movilización territorial y la lectura que hagan los votantes sobre quién ofrece más estabilidad en medio de la incertidumbre. El Mundial puede dispersar la atención por unas horas, pero difícilmente borra el trasfondo de una elección que llega a su definición con el país dividido y con una ciudadanía que espera respuestas concretas más que consignas.

En el plano práctico, la coincidencia entre fútbol y elecciones sí deja una pregunta relevante: cuánta energía podrá dedicar el Estado, los medios y las campañas a asegurar una jornada fluida, informada y participativa. Si el día termina dominado por los partidos, el riesgo no es que el fútbol decida el resultado, sino que parte del debate público se trivialice y que muchos ciudadanos lleguen a las urnas con menos información o menos interés. Pero el mensaje de fondo parece claro: en una democracia, la pasión deportiva puede acompañar la jornada, nunca reemplazarla. Y si algo revela esta coincidencia de calendario es que Colombia no solo vota en medio de una fiebre mundialista; vota también en medio de una disputa por el sentido del país.

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