Washington acusa a la cúpula militar cubana de ocultar miles de millones

Imagen: infobae
Washington acusó a la cúpula militar cubana de desviar miles de millones de dólares a cuentas en el exterior mientras la isla sufre apagones de hasta 80 horas. La denuncia llega en plena crisis energética y a días de la votación sobre el embargo en la ONU.
La Administración de Estados Unidos volvió a poner a la mira a la élite militar cubana con una acusación de alto calibre: según el subsecretario de Estado Juan Pablo Segura, el conglomerado vinculado a las Fuerzas Armadas habría desviado miles de millones de dólares hacia cuentas en el extranjero mientras la población de la isla enfrenta una de las peores crisis eléctricas de los últimos años. La denuncia, divulgada en un momento de máxima tensión diplomática, llega cuando en varias localidades de Cuba los cortes de luz se extienden hasta 80 horas y el sistema eléctrico ya ha colapsado ocho veces en lo que va de 2026, de acuerdo con la información difundida por Infobae.
El señalamiento de Washington apunta directamente a GAESA, el entramado empresarial bajo control militar que durante años ha sido descrito por analistas y exfuncionarios como una caja negra de la economía cubana. La acusación, en términos políticos, busca instalar una idea incómoda para La Habana: mientras el Gobierno insiste en que la crisis energética responde a la falta de divisas y al castigo externo, Estados Unidos sostiene que una parte crucial de esos recursos no se está destinando a aliviar la emergencia doméstica, sino a blindar patrimonios fuera del país. Esa lectura endurece todavía más el intercambio entre ambos gobiernos y busca influir en la discusión internacional sobre el embargo, que volverá a votarse en la ONU en pocos días.
El contexto importa porque la denuncia no se produce en el vacío. Cuba atraviesa una degradación sostenida de su infraestructura eléctrica, con plantas obsoletas, escasez de combustible y una demanda que el sistema no logra cubrir. En la práctica, eso se traduce en jornadas enteras sin luz, interrupciones en hospitales, pérdidas para pequeños negocios, problemas de refrigeración de alimentos y una vida cotidiana cada vez más condicionada por el apagón. Para la ciudadanía, el debate sobre cuentas en el exterior puede sonar lejano, pero toca una herida central: quién paga realmente el costo de un Estado que prioriza el control político y económico mientras el país se hunde en la oscuridad.
La acusación de Segura también revela la apuesta de Washington: no solo presionar a La Habana en el plano diplomático, sino cuestionar el núcleo económico que sostiene al poder cubano. Si las denuncias logran instalarse en el debate de la ONU, podrían reforzar la narrativa estadounidense de que el problema cubano no se explica únicamente por sanciones externas, sino por una estructura interna de privilegios y opacidad. En una isla agotada por la falta de electricidad, esa discusión no es menor: define quién controla los recursos, quién responde por la crisis y cuánto tiempo más podrá sostenerse un modelo que, para buena parte de la población, ya dejó de alumbrar.


