Colombia

Ávila se despide con elogios a Petro y defiende el giro económico del Gobierno

Hace 2 horas

La renuncia de Germán Ávila dejó un mensaje político más que administrativo: el ministro de Hacienda se despidió con un elogio abierto a Gustavo Petro y defendió el rumbo económico del Gobierno. En su carta, aseguró que la administración deja bases para un nuevo modelo y prometió seguir respaldando sus causas.

La salida de Germán Ávila del Ministerio de Hacienda no llegó con balances fríos ni con una despedida discreta. Llegó, en cambio, con una carta en la que el funcionario saliente no solo respaldó a Gustavo Petro, sino que elevó el tono político de su despedida al afirmar que el presidente encarna una oportunidad histórica para el país. Según informó infobae colombia, Ávila aseguró que el Gobierno impulsó un nuevo modelo económico y que la historia, en su criterio, no pudo haber elegido a alguien mejor para liderar ese giro.

Más allá del gesto de lealtad, el mensaje tiene una lectura de fondo: el exministro salió defendiendo el legado de una administración que ha querido presentarse como una ruptura con el modelo tradicional de manejo económico en Colombia. Ávila destacó los avances que, de acuerdo con su balance, deja el Ejecutivo en materia fiscal, económica y social, y reiteró que seguirá comprometido con las causas que acompañó durante el mandato. En otras palabras, no se despidió como un tecnócrata que cierra un ciclo, sino como un militante convencido de que el proyecto político sigue en marcha incluso fuera del despacho.

Ese matiz importa porque Hacienda no es cualquier cartera: desde allí se toman decisiones que afectan el bolsillo de los colombianos, el ritmo de la inversión, el costo del crédito y la capacidad del Estado para sostener programas sociales. Cuando un ministro habla de un “nuevo modelo económico”, no está haciendo una simple declaración ideológica; está defendiendo la hoja de ruta con la que el Gobierno ha intentado combinar disciplina fiscal, expansión del gasto social y una narrativa de cambio estructural. El problema, como saben los mercados y los hogares por igual, es que esas promesas siempre terminan midiendo su valor en indicadores concretos: inflación, crecimiento, empleo, deuda y confianza inversionista. Por eso la renuncia de Ávila no solo marca un relevo en el gabinete, sino también una prueba política sobre cuánto de ese proyecto puede sostenerse sin él.

En el fondo, la carta deja ver algo que ya es una constante en el Gobierno Petro: las salidas ministeriales suelen venir acompañadas de una defensa cerrada del relato oficial, como si cada relevo fuera también una forma de blindar el balance de gestión. Ávila se fue con elogios al presidente y con la idea de que su paso por Hacienda dejó una huella en la transformación económica que promueve la Casa de Nariño. Lo que queda ahora es otra pregunta, más incómoda y más importante para el país: si ese supuesto nuevo modelo empieza a sentirse en la vida cotidiana de los colombianos o si, como tantas veces ocurre en la política nacional, el discurso avanza más rápido que los resultados.

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