Europa gira la espalda a Trump: sólo 11% confía en Estados Unidos

Imagen: clarin colombia
La confianza europea en Estados Unidos se desplomó al 11 por ciento bajo Donald Trump, según una amplia encuesta del European Council on Foreign Relations. La combinación de amenazas territoriales, decisiones unilaterales y una política exterior errática está rompiendo la vieja idea de una alianza transatlántica predecible.
Un dato resume mejor que cualquier discurso el deterioro de la relación entre Europa y Estados Unidos: apenas el 11 por ciento de los europeos dice confiar en el país gobernado por Donald Trump, según un gran sondeo del European Council on Foreign Relations, uno de los centros de análisis geopolítico más influyentes del continente. El desplome no es menor ni circunstancial. Refleja una ruptura política y emocional con la idea de que Washington sigue siendo un socio confiable para Europa, incluso entre quienes históricamente defendieron la alianza atlántica como uno de los pilares del orden internacional.
La encuesta apunta a causas concretas que explican ese quiebre. La primera es el regreso del republicano a la Casa Blanca, una noticia que en varias capitales europeas se leyó como el retorno de la imprevisibilidad al poder estadounidense. La segunda es su amenaza de apropiarse por la fuerza de Groenlandia, un territorio bajo soberanía danesa, que encendió alarmas no sólo por el contenido de la declaración sino por lo que representa: la normalización de un lenguaje expansionista desde el principal aliado de Europa. A eso se suma la ofensiva contra Irán, ejecutada sin una hoja de ruta clara ni una estrategia visible de salida, un episodio que reforzó entre muchos europeos la idea de que la política exterior de Trump responde más al golpe de efecto que a una visión de largo plazo.
Lo que está en juego va más allá de una mala percepción momentánea. Europa observa a Estados Unidos y ve un poder dispuesto a actuar por impulso, a tensionar fronteras y a debilitar los mecanismos multilaterales que durante décadas sostuvieron la relación transatlántica. Ese cambio tiene consecuencias directas: desde la coordinación militar en la OTAN hasta la cooperación comercial, pasando por la respuesta conjunta frente a Rusia, Oriente Medio y la competencia tecnológica con China. Cuando un aliado tan central cae a niveles tan bajos de confianza, no sólo se altera la diplomacia; también se obliga a los gobiernos europeos a pensar en autonomía estratégica, rearmamento y mayor independencia energética y de seguridad.
Para la gente común en Europa, este giro también tiene efectos concretos. Menos confianza en Washington suele traducirse en más incertidumbre sobre defensa, comercio y estabilidad global, tres variables que terminan impactando el costo de vida, la inversión y el empleo. Y para Estados Unidos la señal debería ser inquietante: Trump no sólo está erosionando su imagen en el exterior, también está debilitando una arquitectura de poder que costó décadas construir. La pregunta ya no es si Europa desconfía del presidente republicano, sino cuánto tiempo puede sostenerse una alianza occidental cuando uno de sus socios actúa como si las reglas fueran negociables.



