Gobierno Petro gastó 28.000 millones en energía solar sin construir obras

Imagen: infobae colombia
El Gobierno Petro destinó cerca de 28.000 millones de pesos a un programa de energía solar que prometía llevar soluciones a comunidades apartadas, pero ninguna obra terminó construida. Los recursos se fueron en capacitaciones, estudios y estructuras administrativas, mientras la fase clave de ejecución nunca recibió financiación.
El Gobierno de Gustavo Petro comprometió cerca de 28.000 millones de pesos para un programa de energía solar que debía beneficiar a comunidades rurales y apartadas, pero al final no se levantó ni una sola planta. Según informó Infobae Colombia, el dinero terminó concentrado en capacitaciones, estudios técnicos y la creación de empresas comunitarias, mientras la fase que contemplaba la construcción de las instalaciones quedó en el aire porque los recursos para ejecutarla nunca fueron aprobados.
La apuesta oficial se presentó como una respuesta a la pobreza energética y a las dificultades históricas de conexión en zonas donde extender las redes tradicionales resulta costoso o poco viable. Sin embargo, el diseño del programa dejó un vacío decisivo: la primera fase sirvió para estructurar, diagnosticar y organizar a las comunidades, pero la segunda —la que debía convertir esos estudios en obras reales— dependía de una financiación posterior que no llegó. En la práctica, eso dejó a decenas de comunidades con expectativas creadas, documentos elaborados y procesos adelantados, pero sin paneles instalados ni generación efectiva de energía.
El caso pone sobre la mesa un problema recurrente en la ejecución de políticas públicas en Colombia: proyectos ambiciosos que se quedan atrapados entre la planeación y la obra. No es solo una discusión sobre eficiencia administrativa; también es una señal de cómo pueden perderse tiempo, recursos y confianza en territorios que esperan soluciones concretas, no informes. En regiones donde la electricidad estable sigue siendo un lujo o una presencia intermitente, la frustración es mayor porque la promesa de transición energética termina chocando con la realidad presupuestal del Estado.
Más allá del monto invertido, el episodio deja una lección incómoda para el Gobierno: la transición energética no se mide por anuncios ni por talleres, sino por infraestructura funcionando y beneficios tangibles para la población. Si la financiación no está asegurada desde el principio, programas de este tipo corren el riesgo de convertirse en ejercicios de formulación sin impacto real. Para las comunidades, la pregunta no es cuántos estudios se hicieron, sino por qué, después de destinar miles de millones de pesos, siguen esperando la energía que les prometieron.




