Colombia

Drones y guerra irregular: Colombia suma 292 ataques en 2026 y la amenaza se expande

Hace 11 horas

En lo que va de 2026, los grupos armados en Colombia han ejecutado 292 ataques con drones, una señal de cómo la guerra ilegal está incorporando tecnología barata y difícil de neutralizar. Las estructuras de ‘Iván Mordisco’ concentran la mayoría de los casos, mientras el ELN mantiene una ofensiva sostenida.

Colombia cerró el balance de 2026 con una advertencia incómoda: la guerra con drones ya dejó de ser una rareza táctica y se convirtió en un recurso recurrente de los grupos armados. Según informó infobae colombia, en lo corrido del año se han registrado 292 ataques con estas aeronaves, una cifra que confirma la adaptación tecnológica de las estructuras ilegales y la dificultad del Estado para contener una amenaza que combina bajo costo, alto impacto y enorme capacidad de sorpresa.

De acuerdo con los datos conocidos, las estructuras atribuidas a ‘Iván Mordisco’ concentran 145 de esos ataques, casi la mitad del total, mientras que el ELN aparece con 119 casos. La distribución geográfica también muestra dónde está más viva esa presión armada: en ataques contra bases militares durante 2026, Cauca encabeza la lista con 40 hechos, seguido por Norte de Santander con 32, Chocó con 30 y Valle del Cauca con 23. No se trata de cifras aisladas ni de incidentes menores; son indicadores de una ofensiva sostenida sobre zonas donde el control territorial sigue disputado y donde la presencia institucional suele llegar tarde o de forma intermitente.

El dato importa por una razón central: los drones están cambiando la forma de hacer la guerra irregular en Colombia. Son más baratos que el armamento convencional, difíciles de detectar con rapidez y pueden ser usados para hostigar, intimidar, lanzar explosivos o desestabilizar bases y patrullas sin necesidad de grandes despliegues. Eso obliga a las fuerzas militares a reorganizar su respuesta, invertir en sistemas de detección y elevar la protección de sus instalaciones, en un contexto en el que los grupos armados combinan presión armada, control de corredores ilegales y disputa por rentas del narcotráfico y la minería ilegal. En departamentos como Cauca, Norte de Santander, Chocó y Valle del Cauca, el impacto no recae solo sobre uniformados: también golpea a comunidades enteras que viven entre confinamientos, desplazamientos, amenazas y una sensación persistente de abandono.

Lo que revelan estas cifras es más que una estadística de seguridad: es una radiografía de la capacidad de adaptación de las organizaciones armadas y de la fragilidad de la respuesta estatal. Si el 2026 va camino a consolidar a los drones como una herramienta central de la violencia en Colombia, el desafío ya no será solo militar, sino político y territorial. Mientras no se cierre la brecha de control en las regiones más golpeadas, la tecnología seguirá favoreciendo a quienes hacen de la guerra un negocio y del miedo una estrategia de dominación.

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