Política

Bolívar le pasa factura a Petro por el escándalo de Angie Rodríguez y exige más firmeza

Hace 6 horas

Gustavo Bolívar rompió filas y criticó la respuesta de Gustavo Petro ante las denuncias de Angie Rodríguez sobre Juliana Guerrero y Gabriela Muñoz. El exdirector de Prosperidad Social pidió más contundencia en medio de un nuevo frente de tensión para el Gobierno.

Gustavo Bolívar volvió a marcar distancia del presidente Gustavo Petro y esta vez lo hizo en uno de los momentos más incómodos para el Gobierno: el escándalo que se desató tras las denuncias de Angie Rodríguez sobre Juliana Guerrero y Gabriela Muñoz. El exdirector de Prosperidad Social cuestionó la reacción del mandatario y, en esencia, sostuvo que al jefe de Estado le ha faltado firmeza para enfrentar el episodio político y administrativo que hoy sacude a su propia administración. En un gobierno que ha hecho de la confrontación pública una de sus banderas, la crítica adquiere un peso especial porque proviene de una figura que hasta hace poco orbitaba en el círculo cercano del petrismo.

Según informó El Tiempo - Política, Bolívar habló de su posición frente al escándalo y dejó claro que no ve suficiente contundencia desde la Casa de Nariño. La controversia gira alrededor de las denuncias expuestas por Angie Rodríguez, quien señaló a Juliana Guerrero y Gabriela Muñoz en hechos que todavía exigen aclaraciones públicas y respuestas institucionales de fondo. Aunque los detalles completos del expediente no han sido desmenuzados por la información disponible, el punto político ya está sobre la mesa: la percepción de que el Gobierno responde tarde, con ambigüedad o con un tono insuficiente frente a señalamientos que comprometen su credibilidad. En esa lectura, Bolívar no solo cuestiona a Petro; también pone en duda la capacidad del Ejecutivo para cerrar filas cuando la crisis toca a funcionarios, aliados o personas del entorno gubernamental.

El episodio importa porque revela una fractura más en el bloque político que llevó a Petro al poder y porque desnuda un problema recurrente en este Gobierno: la tensión entre el discurso ético y la gestión de sus propias controversias. Cuando una administración llega al poder prometiendo ruptura con viejas prácticas, cada denuncia interna se convierte en una prueba de coherencia. Si la reacción es lenta o defensiva, la oposición gana terreno y la opinión pública termina castigando no solo a los implicados directos, sino a todo el proyecto político. En términos prácticos, esto erosiona la confianza de los ciudadanos en la capacidad del Estado para corregirse a sí mismo, algo que pesa especialmente en un país donde la indignación por la corrupción y los favores políticos suele traducirse rápido en desgaste electoral.

Lo que diga Petro en adelante será determinante, pero también lo será el tono de sus antiguos aliados. Bolívar, al tomar distancia, envía una señal de que el petrismo ya no habla con una sola voz y de que las fisuras no están ocurriendo únicamente en el Congreso o en el gabinete, sino también entre quienes ayudaron a construir el relato del cambio. Y cuando un gobierno empieza a ser cuestionado desde dentro por falta de contundencia, el problema deja de ser solo un escándalo puntual: se convierte en una discusión sobre liderazgo, autoridad y credibilidad en el corazón mismo del poder.

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