Política

Bolívar sale en defensa de Aida Quilcué y cuestiona el elitismo de la crítica política

Hace 2 horas
Bolívar sale en defensa de Aida Quilcué y cuestiona el elitismo de la crítica política

Imagen: depor

Gustavo Bolívar salió a respaldar a Aida Quilcué luego de las críticas por no tener títulos universitarios. El exdirector del DPS puso el foco en su trayectoria como lideresa indígena y en el peso político que acumula en el Congreso y el Cric.

Gustavo Bolívar entró al debate para defender la idoneidad de Aida Quilcué, la fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda, luego de que surgieran cuestionamientos por su formación académica. El exdirector del DPS sostuvo que reducir la capacidad de una dirigente a la cantidad de diplomas que tenga es una lectura pobre y alejada de la realidad política del país, especialmente cuando se trata de una mujer que ha construido su liderazgo desde las luchas indígenas y la representación territorial. En su intervención, Bolívar insistió en que la ausencia de títulos formales no equivale a falta de educación, ni mucho menos a incapacidad para ejercer responsabilidades públicas de alto nivel.

La discusión se activó por las críticas alrededor de Quilcué, a quien sectores opositores han puesto bajo la lupa por no exhibir credenciales académicas tradicionales. Bolívar respondió recordando que no se trata de una figura improvisada: subrayó que es una lideresa indígena con trayectoria reconocida y que ha ocupado cargos de relevancia como consejera mayor del Cric, además de su paso por el Congreso de la República. Ese recorrido, en términos políticos, no es menor. En Colombia, donde el acceso a las instituciones sigue marcado por brechas históricas de clase, territorio y etnia, la experiencia de liderazgo comunitario suele pesar tanto o más que un cartón universitario, aunque no siempre reciba el mismo reconocimiento mediático.

El trasfondo del debate va más allá del nombre de Quilcué. Lo que está en juego es una tensión vieja en la política colombiana: quién tiene legitimidad para gobernar y desde dónde se construye esa autoridad. Durante décadas, las élites han usado la formación académica como filtro de credibilidad, mientras que liderazgos indígenas, campesinos y populares han debido demostrar dos veces su capacidad: primero para abrirse paso y luego para ser aceptados como interlocutores válidos. En ese escenario, el respaldo de Bolívar no solo busca proteger a una aliada política, sino también disputar el sentido de lo que significa estar preparado para ejercer poder en un país atravesado por desigualdades estructurales.

La defensa de Quilcué, además, tiene una carga simbólica evidente. Su nombre no representa únicamente una apuesta electoral dentro del proyecto de Cepeda, sino la presencia de sectores históricamente marginados en la discusión nacional. Para amplios sectores urbanos, el debate puede parecer una simple controversia sobre títulos; para las comunidades indígenas, en cambio, toca una fibra más profunda: el reconocimiento de saberes, trayectorias y formas de liderazgo que no siempre caben en el molde académico tradicional. En ese punto, la respuesta de Bolívar deja una señal política clara: la pelea no es solo por una candidatura, sino por redefinir quién merece ocupar espacios de decisión en Colombia y bajo qué criterios se mide su capacidad.

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