Política

Bolívar reaviva la polémica de De la Espriella y la convierte en munición para Cepeda

Hace 2 horas
Bolívar reaviva la polémica de De la Espriella y la convierte en munición para Cepeda

Imagen: infobae

Gustavo Bolívar reapareció en la pelea política con una recreación de la polémica entrevista de Abelardo de la Espriella para respaldar a Iván Cepeda. El episodio volvió a poner sobre la mesa el uso del machismo como recurso electoral y el costo que eso puede tener entre las votantes.

Gustavo Bolívar volvió a meter el debate político en el terreno de la provocación, esta vez al recrear una entrevista que había desatado críticas contra Abelardo de la Espriella y usarla como pieza de campaña a favor de Iván Cepeda. La movida, difundida en medio de la polarización que ya marca la contienda presidencial en Colombia, no solo reactivó una vieja polémica sobre los límites del espectáculo en política, sino que también puso en el centro una discusión mucho más incómoda: la persistencia de gestos sexistas como herramienta para buscar atención y, en algunos casos, votos.

Según informó infobae, el aspirante de la derecha fue cuestionado después de exhibir una fotografía propia y presionar a una periodista para que prestara atención a sus partes íntimas. Más tarde, el mismo político habría presentado ese episodio como un gesto que le habría servido para conectar con parte del electorado femenino. Esa secuencia, que ya había generado rechazo por el trato hacia la comunicadora, fue precisamente la que Bolívar decidió revivir, pero no para defenderla sino para convertirla en un arma de contraste político a favor de Cepeda. El mensaje implícito es claro: hay candidaturas que se presentan como modernas o cercanas al electorado, pero que en realidad siguen apelando a códigos viejos, donde la humillación, la insinuación y la burla pueden transformarse en estrategia.

El episodio importa más allá del intercambio entre rivales porque refleja una degradación conocida de la conversación pública: cuando la campaña deja de girar sobre programas, seguridad, empleo o educación y se desplaza hacia la exposición del cuerpo, la insinuación y el escándalo, el debate democrático pierde calidad. En un país donde el voto femenino pesa de manera decisiva en casi cualquier elección competitiva, convertir a las mujeres en objeto de seducción política o en blanco de bromas no es un detalle menor. Es, en realidad, una señal de cómo ciertos sectores aún leen a las electoras: no como ciudadanas con demandas concretas, sino como una bolsa de simpatía que puede ganarse con gestos calculados o con provocaciones mediáticas.

Para Cepeda, el gesto de Bolívar funciona como refuerzo narrativo en una campaña en la que cada movimiento cuenta, pero también tiene un riesgo: alimentar la política del escándalo, esa que termina favoreciendo al que grita más fuerte y no necesariamente al que presenta mejores soluciones. Aun así, el episodio deja una lección útil para el momento electoral que vive Colombia: las campañas ya no solo se miden por la fuerza de sus mensajes, sino por la capacidad de cada candidato de responder a una ciudadanía cansada de la teatralidad y más exigente con el respeto, especialmente hacia las mujeres. En ese terreno, la polémica no se agota en una anécdota; revela una grieta profunda entre la vieja cultura política y un electorado que cada vez tolera menos esos atajos.

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