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Bolívar señala el error que, según él, frenó al Pacto Histórico y alerta por la segunda vuelta

Hace 2 horas
Bolívar señala el error que, según él, frenó al Pacto Histórico y alerta por la segunda vuelta

Imagen: depor

Gustavo Bolívar atribuyó la derrota del Pacto Histórico a un pecado clásico en política: la complacencia. Según dijo, cerca de medio millón de simpatizantes se quedó en casa el 31 de mayo al creer que la victoria estaba asegurada.

Gustavo Bolívar puso el dedo en una herida que suele definir campañas enteras: la confianza excesiva. El excongresista aseguró que el gran error que terminó pasando factura al proyecto del Pacto Histórico fue haber dejado por fuera de la votación a cerca de medio millón de personas que, según su lectura, no acudieron a las urnas el 31 de mayo porque dieron por hecho que el candidato iba a ganar sin mayores sobresaltos. En política, esa sensación de triunfo anticipado suele ser más peligrosa que la oposición misma, porque enfría la maquinaria, desmoviliza a los simpatizantes y convierte a la abstención en el rival más eficaz.

Bolívar, de acuerdo con lo que informó depor, lanzó además una advertencia de cara a la segunda vuelta: no basta con confiar en que el ambiente favorable se traduzca automáticamente en votos. Su mensaje apunta a un problema estructural de las campañas en Colombia y en buena parte de América Latina: una base electoral amplia, pero emocionalmente inestable, que puede salir masivamente cuando siente urgencia y quedarse en casa cuando percibe que el resultado está resuelto. Ese medio millón de votos ausentes no es una cifra menor; en una elección cerrada, ese volumen puede inclinar la balanza, cambiar el tono de la jornada y alterar el mapa político de un país donde cada voto cuenta mucho más de lo que a veces admiten los estrategas.

El planteamiento de Bolívar también sirve para leer el momento político con más perspectiva. El Pacto Histórico, como cualquier fuerza de izquierda o de centroizquierda en Colombia, depende no solo de convencer a nuevos electores, sino de mantener activada a su propia base en escenarios de alta polarización. Ahí está el verdadero reto para la segunda vuelta: evitar el autoengaño, reconocer que ningún triunfo está garantizado y entender que la elección se decide tanto por convicción como por disciplina. En un país marcado por la abstención, donde millones de ciudadanos votan solo cuando sienten que algo decisivo está en juego, el exceso de optimismo puede costar tan caro como una mala campaña.

La advertencia, en el fondo, no aplica solo para un sector político. Es una lección para cualquiera que crea que las encuestas, la mística o el entusiasmo alcanzan para ganar. En Colombia, y también en Estados Unidos cuando una elección entra en fase decisiva, la última milla siempre depende de organización, mensaje y presencia territorial. Si el votante siente que su participación ya no cambia nada, se queda en casa; y cuando eso ocurre, no gana el más popular, sino el más disciplinado. Por eso lo que Bolívar llama un error no es un detalle táctico: es el tipo de descuido que puede redefinir una contienda entera.

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