Petro aviva la tensión en Colombia con llamado a una “milicia popular”

Imagen: clarin colombia
Gustavo Petro agitó el debate político al proponer la organización de una “milicia popular” para la defensa ciudadana en Colombia, justo en la antesala del cambio de gobierno. La advertencia llega mientras sigue sin reconocer la victoria de Abelardo De la Espriella y denuncia ataques contra figuras de la izquierda.
Gustavo Petro volvió a tensar el clima político colombiano al llamar a organizar una “milicia popular” para la defensa ciudadana, en un momento de máxima sensibilidad institucional: este viernes asumirá la presidencia Abelardo De la Espriella, identificado por sectores de la oposición como un dirigente de derecha dura y populista. La declaración no es menor. En un país marcado por décadas de conflicto armado, la sola mención de estructuras de defensa paralelas al Estado reaviva temores sobre la seguridad, la polarización y el riesgo de que la disputa política salga del terreno democrático para acercarse a lógicas de confrontación más peligrosas.
Según informó clarin colombia, Petro continúa sin reconocer la victoria electoral de De la Espriella y en los últimos días denunció ataques contra representantes de la izquierda. Ese doble mensaje —desconocer el resultado y, al mismo tiempo, advertir sobre agresiones a sus aliados— revela una transición de poder atravesada por la desconfianza. No se trata solo de un choque entre adversarios: lo que está en juego es la legitimidad del nuevo gobierno y la capacidad del Estado para garantizar que el relevo presidencial ocurra sin intimidación ni violencia política. En Colombia, donde la memoria de persecución contra líderes sociales, sindicalistas y militantes aún está fresca, cualquier llamado a “defensa ciudadana” se lee con especial alarma.
El trasfondo de esta crisis es más amplio que una disputa personal entre Petro y De la Espriella. La polarización ha ido erosionando los mínimos consensos sobre cómo tramitar el poder, y eso impacta de forma directa a la gente común: aumenta el riesgo de confrontaciones en las calles, profundiza la desconfianza en las instituciones y deja a los territorios más vulnerables expuestos a actores armados o grupos de presión que suelen aprovechar los vacíos de autoridad. Si el nuevo gobierno llega con el rechazo abierto del saliente y con denuncias de ataques políticos circulando en paralelo, el país entra en una zona delicada en la que cada gesto puede escalar la crisis o ayudar a contenerla. Lo que hoy está en discusión no es solo quién gobierna, sino bajo qué reglas se acepta —o se rompe— la transición democrática.
En ese contexto, la propuesta de Petro funciona como una señal de alarma y también como un termómetro del momento nacional: Colombia no está viviendo un simple relevo presidencial, sino una disputa por el relato de legitimidad y por el control del espacio político. La pregunta que queda abierta es si las instituciones tendrán la capacidad de frenar la radicalización antes de que el conflicto verbal termine marcando el inicio del nuevo gobierno con un riesgo mayor para la convivencia.



