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Petro reabre choque con de la Espriella por una consigna religiosa y su peso político

Hace 4 horas

Gustavo Petro reabrió la tensión con Abelardo de la Espriella al criticar su consigna “Viva Cristo Rey”, una frase que desató debate por su carga religiosa y política. El cruce volvió a poner sobre la mesa el uso de símbolos de fe en la disputa pública.

Gustavo Petro volvió a encender una discusión que trasciende la pelea personal con Abelardo de la Espriella: el presidente cuestionó el uso de la consigna “Viva Cristo Rey”, una expresión de fuerte carga religiosa e histórica que, en su lectura, no debería convertirse en bandera política. El comentario no solo reavivó el choque entre ambos, sino que abrió un debate más amplio sobre la manera en que la fe, el poder y la propaganda se entremezclan en la arena pública colombiana.

De acuerdo con lo informado por https://www.colombia.com entretenimiento, Petro retomó su crítica al abogado y figura mediática al poner en duda el sentido de esa frase, asociada por muchos sectores conservadores con una defensa identitaria del cristianismo, pero también cargada de referencias históricas que no pasan inadvertidas en un país donde la religión sigue influyendo en la conversación política. En su intervención, el mandatario además habló de Jesús y del poder, insinuando que el mensaje cristiano no puede reducirse a la exaltación de una autoridad terrenal ni a una consigna para movilizar simpatías electorales.

El punto de fondo importa más allá del rifirrafe. Colombia es un país donde los símbolos religiosos siguen teniendo peso emocional y electoral, y cualquier intento de apropiarse de ellos suele generar una reacción inmediata. Petro, que a menudo se mueve entre la confrontación ideológica y la provocación calculada, sabe que estos choques funcionan como marca política: polarizan, fidelizan bases y obligan a sus contradictores a responder. Del otro lado, de la Espriella capitaliza ese mismo escenario con un discurso que mezcla conservadurismo, moral pública y presencia mediática. En esa pugna, la discusión sobre Cristo, el poder y la política deja de ser teológica y se convierte en una batalla por legitimidad.

Lo que revela este episodio es que la campaña política en Colombia ya no se libra solo en programas de gobierno o debates sobre economía y seguridad, sino también en el terreno simbólico. Cuando un presidente cuestiona una consigna religiosa y su rival la defiende como estandarte, ambos están hablando al mismo tiempo de sus electores, de sus valores y de la nación que quieren representar. Y para la gente común, que enfrenta problemas mucho más urgentes que una disputa retórica, estas confrontaciones sirven como recordatorio de una realidad incómoda: en la política colombiana, la polarización también se alimenta de la fe.

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