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Un mes de espera y rabia: familias en Venezuela siguen buscando a sus desaparecidos

Hace 3 horas
Un mes de espera y rabia: familias en Venezuela siguen buscando a sus desaparecidos

Imagen: BBC Mundo

Un mes después de los terremotos en Venezuela, decenas de familias siguen removiendo escombros en busca de sus desaparecidos. La demora en las labores de rescate ha disparado la frustración contra las autoridades y mantiene abierto el duelo.

Un mes después de los terremotos que devastaron zonas de Venezuela, muchas familias siguen atrapadas en una espera que no termina: buscan entre ruinas los restos de sus seres queridos y convierten el duelo en una vigilia forzada por la ausencia de respuestas oficiales. La tragedia ya no se mide solo en muertos y desaparecidos, sino también en la rabia acumulada de quienes sienten que el Estado llegó tarde, o simplemente no llegó.

De acuerdo con BBC Mundo, los familiares continúan revisando escombros y apoyándose entre ellos para sostener una búsqueda que se ha prolongado mucho más allá de lo tolerable. En ese proceso, el dolor ha ido mezclándose con un resentimiento creciente hacia las autoridades, a las que acusan de no haber actuado con la rapidez y la transparencia que una emergencia de esta magnitud exigía. La frase de una de las personas afectadas resume el drama humano detrás de las cifras: no hay cierre posible mientras no aparezcan todos los restos.

El caso venezolano vuelve a poner sobre la mesa un problema viejo en América Latina: la debilidad institucional frente a desastres naturales y la enorme diferencia entre declarar una emergencia y atenderla de verdad. Cuando un terremoto golpea, la primera batalla es por salvar vidas; la segunda, igual de decisiva, es reconstruir confianza. Y esa confianza se rompe cuando las familias perciben improvisación, silencio o lentitud. En Venezuela, además, la crisis humanitaria previa agrava cualquier respuesta estatal: menos recursos, menos capacidad operativa y más desconfianza en cada anuncio oficial. Por eso esta historia importa más allá del país: muestra cómo una catástrofe natural puede convertirse también en una crisis política y social.

Lo que ocurre un mes después revela que la emergencia no terminó con el temblor. Para los deudos, el tiempo no ha avanzado: sigue detenido en el momento del derrumbe. Y mientras no aparezcan los cuerpos, no habrá entierro, ni duelo completo, ni posibilidad real de comenzar de nuevo. Esa es la herida abierta que dejan los terremotos cuando la respuesta del poder no alcanza a la dimensión humana de la tragedia.

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