Política

El reloj se agota en el Congreso y varios proyectos quedan al borde del archivo

Hace 3 horas

El Congreso colombiano entra en cuenta regresiva y varios proyectos podrían quedarse sin salida antes del cierre de la legislatura. Sin sesiones extras convocadas y con la asistencia en duda por la campaña y el Mundial, el archivo se vuelve una posibilidad real.

El Congreso colombiano llegó a su tramo más frágil del año legislativo: faltan apenas cuatro días para que termine la legislatura y, según informó El Tiempo - Política, todavía no hay señales de que el Gobierno vaya a convocar sesiones extraordinarias. En ese escenario, varias iniciativas que no alcanzaron a surtir sus últimos debates o conciliaciones quedaron expuestas al archivo, una salida que en la práctica congela por completo cualquier intento de revivirlas en este período. Lo que hoy está en juego no es un trámite menor, sino la capacidad del Ejecutivo y de las bancadas para cerrar piezas clave de su agenda antes de que se cierre la puerta del Capitolio.

La tensión no solo tiene que ver con los tiempos formales del Congreso, sino con la realidad política que se impone al final de cada período: ausencias, cálculo electoral y prioridades que cambian a última hora. De acuerdo con la información publicada por El Tiempo - Política, las elecciones y el Mundial están afectando la disposición de varios legisladores para asistir a las sesiones decisivas, un problema que se traduce en una dificultad concreta para reunir quórum y votar proyectos pendientes. En el papel, bastaría con una convocatoria extraordinaria para ganar tiempo; en la práctica, sin esa decisión del Gobierno y con una agenda atravesada por compromisos políticos y distracciones de temporada, el margen se reduce a una carrera contra el reloj.

Este tipo de bloqueos no es nuevo en Colombia, pero sí revela una constante que termina golpeando la confianza pública: el sistema legislativo deja demasiadas leyes importantes a merced de la última semana. Cuando un proyecto se archiva por falta de tiempo, no solo se aplaza un debate técnico; también se pierde capital político y, en muchos casos, se prolongan problemas que afectan directamente a la ciudadanía. Para la gente de a pie eso significa más demora en reformas que tocan empleo, seguridad, salud, impuestos o reglas de juego para sectores productivos. Y para el Gobierno, significa otro recordatorio de que gobernar no es solo radicar proyectos, sino construir mayorías reales y sostenerlas hasta el final.

La discusión, entonces, va más allá de una lista de iniciativas en riesgo. Lo que muestra este cierre de legislatura es la fragilidad de la coordinación entre Ejecutivo y Congreso cuando el calendario aprieta y la política se dispersa. Si el Gobierno decide no abrir sesiones extras, el archivo será la salida más probable para varios proyectos; si sí las convoca, igual tendrá que resolver dos obstáculos inmediatos: una asistencia incierta y una mayoría que, al final del día, también compite con la lógica electoral. En ese pulso, cada día cuenta y, como suele pasar en el Capitolio, los proyectos que no alcanzan a cruzar la meta terminan pagando el precio de la improvisación.

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