Estados Unidos

Amputaron la pierna equivocada a una mujer en Ohio y ahora enfrenta una demanda al hospital

Hace 2 horas

Una mujer de 74 años en Ohio perdió ambas piernas tras un error quirúrgico que comenzó con la amputación de la extremidad equivocada. Ahora demanda al hospital responsable, en un caso que reabre el debate sobre la seguridad del paciente en Estados Unidos.

La historia de Sharon Jacks es una de esas tragedias médicas que no solo indignan por su crudeza, sino porque exponen fallas elementales en un sistema que se supone debe proteger al paciente. Esta mujer de 74 años, residente en Ohio, llegó al hospital Selby General para que le amputaran la pierna derecha debido a un carcinoma, pero el procedimiento terminó con la extirpación de la extremidad equivocada. Meses después, tuvo que someterse a una nueva cirugía para retirar la pierna correcta. El resultado: perdió ambas extremidades por un error que, según la demanda, nunca debió ocurrir.

De acuerdo con la información divulgada por infobae estados unidos, Jacks acudió al centro médico con un diagnóstico que ya de por sí implicaba una intervención delicada. Sin embargo, el equipo quirúrgico retiró primero la pierna izquierda, pese a que la orden médica y la necesidad clínica apuntaban a la derecha. La paciente enfrentó después un nuevo procedimiento para completar la amputación indicada, una secuencia que deja en evidencia no solo un fallo de verificación, sino una cadena de decisiones y controles que parecen haberse roto en el momento más básico: identificar correctamente al paciente y la extremidad a intervenir.

Este caso importa más allá del drama individual porque toca una de las áreas más sensibles de la medicina moderna: la seguridad del paciente. En Estados Unidos, los errores de cirugía en el sitio equivocado se consideran eventos graves y, en teoría, prevenibles mediante protocolos de confirmación, marcación previa y revisión cruzada. Cuando aun así ocurren, el daño no es solo físico. También hay un impacto emocional devastador, pérdida de autonomía, costos médicos adicionales y una erosión profunda de la confianza pública en hospitales y sistemas de salud que ya enfrentan escrutinio por negligencias, sobrecarga y fallas administrativas. Para una persona mayor, además, el costo de un error así puede traducirse en dependencia permanente y en una calidad de vida radicalmente alterada.

La demanda presentada por Jacks abre otra discusión incómoda: qué tan efectivos son realmente los mecanismos de control interno en centros médicos que operan bajo estándares supuestamente estrictos. En casos como este, la pregunta no es solo quién cometió el error, sino cómo fue posible que pasara por varias barreras sin detenerse. Para los pacientes y sus familias, la lección es brutal: incluso en procedimientos rutinarios o altamente regulados, una falla de verificación puede cambiarlo todo. Y para el sistema de salud, el episodio en Ohio vuelve a recordar que la seguridad no puede depender de la suerte, sino de protocolos que funcionen incluso cuando el margen de error es cero.

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