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Fósil en Marruecos revela una dieta inesperada en cocodrilo prehistórico

Hace 15 horas

Un fósil hallado en Marruecos obligó a replantear la dieta de un cocodrilo prehistórico que vivió hace 170 millones de años. La clave estuvo en una dentadura fina y abundante que sugiere una alimentación distinta a la asociada con estos reptiles.

Un equipo de la Universidad de Portsmouth identificó en Marruecos los restos de un cocodrilo prehistórico cuya anatomía dental cambia la lectura que se tenía sobre la dieta de este grupo. El hallazgo apunta a que el animal, que habitó ríos y lagos hace unos 170 millones de años, no encajaba con la imagen clásica del cocodrilo depredador de presas grandes, sino con una estrategia alimentaria mucho más especializada.

Según informó Infobae Mundo, los investigadores encontraron una dentadura sorprendentemente fina y numerosa, un rasgo que obligó a revisar la hipótesis sobre qué comía realmente esta especie. En términos simples, no se trata solo de un fósil bien conservado: se trata de una pista anatómica que sugiere una forma distinta de capturar y procesar alimento, probablemente adaptada a presas pequeñas o de textura diferente a la que se suele asociar con los cocodrilos actuales.

La importancia del caso va más allá de una curiosidad paleontológica. Durante décadas, la imagen dominante de los cocodrilos prehistóricos ha estado ligada a depredadores robustos, de mandíbulas poderosas y dieta relativamente amplia. Pero este hallazgo, en un contexto geológico del Jurásico medio, recuerda que la evolución de los reptiles fue mucho más diversa de lo que sugiere el presente. Si una especie emparentada con los cocodrilos modernos desarrolló una dentición tan particular, eso abre la puerta a pensar en ecosistemas más complejos y en nichos ecológicos distintos dentro de un mismo linaje.

Para la ciencia, este tipo de descubrimientos importa porque corrige ideas demasiado lineales sobre la evolución. También demuestra el valor de fósiles encontrados en África del Norte, una región que sigue aportando piezas decisivas para reconstruir cómo era la vida en los grandes sistemas fluviales y lacustres de hace millones de años. Y aunque el hallazgo pertenece al mundo lejano de la paleontología, su impacto es directo: cada nueva evidencia obliga a reescribir parte de la historia natural que se enseña como cerrada, pero que sigue abierta a revisión.

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