Tolima y otras regiones siguen en alerta por incendios forestales en plena temporada crítica

Imagen: infobae colombia
Tolima y varias regiones del país enfrentan este miércoles nuevas emergencias por incendios forestales en medio de una temporada crítica que se repite cada año. La Ungrd mantiene activos los operativos de atención mientras el fenómeno de El Niño sigue presionando a los territorios más secos.
Los incendios forestales vuelven a golpear a Tolima y a otras zonas del país en una jornada que confirma una tendencia conocida, pero no por eso menos grave: julio, agosto, diciembre y enero siguen siendo los meses más críticos para este tipo de emergencias en Colombia. Según informó Infobae Colombia, las autoridades permanecen desplegadas para garantizar atención durante la noche y la madrugada, cuando el control de las llamas se vuelve más complejo y las condiciones de visibilidad y acceso juegan en contra de los equipos de respuesta.
De acuerdo con la información divulgada, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) atiende distintas emergencias reportadas en el territorio nacional, varias de ellas asociadas al fenómeno de El Niño, que agrava la sequedad de la vegetación y eleva el riesgo de propagación del fuego. Aunque en esta época del año el país suele entrar en una fase de mayor alerta por las condiciones climáticas, el problema no se limita al clima: también intervienen quemas descontroladas, negligencia humana y la fragilidad de ecosistemas que llevan años sometidos a presión. En ese contexto, cada incendio no solo consume hectáreas de cobertura vegetal, sino que compromete fuentes de agua, fauna y la estabilidad de comunidades rurales cercanas.
Lo que ocurre hoy en Tolima y en otras regiones no es un episodio aislado, sino una señal de un patrón que Colombia sigue sin resolver de fondo. Cada temporada seca revive el mismo libreto: reportes de emergencia, brigadas trabajando contrarreloj, coordinación institucional y llamados a la prevención. Pero la repetición del fenómeno deja una pregunta incómoda sobre la capacidad real del país para anticiparse y no limitarse a reaccionar. Si el fenómeno de El Niño intensifica el riesgo, la respuesta pública debería estar enfocada no solo en apagar incendios, sino en fortalecer monitoreo, educación comunitaria, control de quemas y protección territorial antes de que el fuego se salga de control.
Para la gente de a pie, el impacto es inmediato y concreto. Un incendio forestal no solo amenaza montes o reservas: puede afectar la calidad del aire, interrumpir la movilidad en corredores rurales, poner en riesgo viviendas dispersas y golpear economías campesinas que dependen directamente de la tierra. Mientras las autoridades intentan sostener la atención en la noche y la madrugada, el país vuelve a comprobar que la emergencia ambiental ya no es una posibilidad remota, sino una rutina estacional que exige más prevención y menos improvisación.




