Vandalizan murales en Cali antes de la posesión de Abelardo De La Espriella
Imagen: El Tiempo (Colombia)
A pocas horas de la posesión de Abelardo De La Espriella, varios murales de embellecimiento urbano en Cali aparecieron vandalizados con aerosol, en hechos que alteraron sectores como la calle Quinta. La ciudad vuelve a debatir entre recuperación del espacio público y deterioro visible.
Cali amaneció con una nueva señal de deterioro urbano y de tensión simbólica: varios murales de embellecimiento aparecieron vandalizados con aerosol en la noche del miércoles 5 de agosto, en sectores como la calle Quinta, justo a pocas horas de la posesión de Abelardo De La Espriella. El hecho reavivó la indignación entre vecinos y transeúntes, no solo por el daño material, sino por lo que representa para una ciudad que intenta sostener esfuerzos de recuperación estética y apropiación del espacio público.
De acuerdo con lo reportado por El Tiempo (Colombia), los murales afectados hacían parte de intervenciones pensadas para mejorar la imagen urbana en zonas de alto tránsito. Aunque aún no se conoce un balance oficial detallado sobre la magnitud de los daños ni sobre los responsables, el episodio vuelve a poner sobre la mesa una realidad conocida por los caleños: cada avance en embellecimiento, recuperación de entornos y resignificación de corredores urbanos convive con el riesgo permanente del vandalismo. En una ciudad donde la percepción de seguridad y orden público sigue siendo frágil, un ataque de este tipo no se lee solo como una pintada más, sino como un golpe al esfuerzo colectivo.
El contexto importa porque estos murales no son simples decoraciones. Funcionan como parte de una estrategia más amplia de ciudad: mejoran la experiencia peatonal, refuerzan identidad barrial y ayudan a disputar espacios que históricamente han sido abandonados o degradados. Por eso su destrucción tiene un efecto que va más allá de lo visual. En Cali, donde la ciudadanía ha reclamado durante años mejores condiciones de convivencia, mantenimiento y control del espacio público, estos hechos alimentan la sensación de que la recuperación urbana sigue siendo incompleta y vulnerable. Y ese es el problema de fondo: no basta con inaugurar obras si no existe una política sostenida para cuidarlas.
La coincidencia temporal con la posesión de De La Espriella añade una carga política inevitable, aunque por ahora no hay elementos para afirmar una relación directa entre ambos hechos. Sin embargo, en una ciudad tan atravesada por la polarización y por discusiones sobre autoridad, orden y presencia institucional, cualquier acto de vandalismo adquiere una lectura más amplia. Cali no solo necesita embellecerse; necesita defender lo que embellece. Porque cuando el espacio público se deteriora tan rápido como se interviene, el mensaje que queda no es de renovación, sino de abandono.




