Honorio Henríquez toma el control del Senado y el uribismo gana terreno en el Capitolio
Imagen: El Tiempo - Política
Honorio Henríquez, del Centro Democrático, asumió la presidencia del Senado tras imponerse a Alfredo Deluque en la instalación del Congreso. La elección estuvo marcada por el respaldo político a la nueva mesa directiva y por las maniobras previas dentro de la derecha.
La instalación del Congreso dejó a Honorio Henríquez, del Centro Democrático, al frente del Senado luego de imponerse sobre Alfredo Deluque en una votación que confirmó el peso de la oposición uribista en la nueva legislatura. El resultado no solo define quién manejará la agenda de la corporación en los próximos meses, sino que también envía una señal política clara sobre los equilibrios de poder en un momento de alta tensión entre el Gobierno y el Legislativo.
Según informó El Tiempo - Política, la elección del congresista conservador del uribismo se produjo en medio de una jornada en la que varios sectores movieron sus fichas para asegurar influencia en la mesa directiva. En ese contexto, tomó relevancia la revelación de De la Espriella sobre una conversación previa con el expresidente Álvaro Uribe antes de la votación, un episodio que deja ver que, detrás de la formalidad de la instalación, hubo una intensa actividad política para ordenar apoyos y delimitar alianzas. Aunque el detalle exacto de ese intercambio no cambió el resultado final, sí confirma que la elección del presidente del Senado se negocia mucho antes de que se depositen los votos.
Lo que ocurre en el Capitolio importa más allá de los nombres. El presidente del Senado no solo preside las sesiones: también ayuda a ordenar los debates, marcar tiempos y, en buena medida, influir en el ritmo con que avanzan o se frenan las reformas. En un país donde el Congreso se ha convertido en el principal campo de disputa para el futuro de la agenda de gobierno, que el cargo quede en manos del Centro Democrático le da a la oposición una plataforma institucional para presionar al Ejecutivo y condicionar proyectos clave. Para los ciudadanos, eso puede traducirse en una legislatura más confrontacional, con más dificultades para sacar adelante cambios en salud, pensiones, seguridad o presupuesto.
El episodio también revela algo más profundo: el Congreso que inicia no arranca como un espacio de deliberación serena, sino como una arena de cálculo político desde el primer día. La elección de Henríquez, el pulso con Deluque y la conversación previa que salió a la luz muestran que las mayorías en el Capitolio siguen siendo frágiles y que cada cargo se disputa como si fuera una pieza estratégica en un tablero nacional. En adelante, la pregunta no será solo quién preside el Senado, sino qué tan dispuesto estará ese liderazgo a facilitar acuerdos o, por el contrario, a convertir la corporación en un muro de contención frente al Gobierno.




