Colombia

Doble homicidio en vía al aeropuerto de Barranquilla eleva la alarma en Soledad

Hace 4 horas

La Policía Metropolitana de Barranquilla avanza en la identificación de las víctimas de un doble homicidio que sacudió la vía hacia el aeropuerto Ernesto Cortissoz. Uno de los cuerpos fue reconocido, mientras la segunda identidad sigue sin confirmarse.

La violencia volvió a golpear a la entrada de Barranquilla con un hallazgo que dejó más preguntas que respuestas: dos hombres fueron asesinados y luego abandonados debajo de un puente en jurisdicción de Soledad, sobre la vía que conduce al aeropuerto Ernesto Cortissoz. La Policía Metropolitana logró identificar a una de las víctimas, pero la segunda sigue sin nombre, un detalle que marca el punto de partida de una investigación que ahora busca reconstruir no solo quiénes eran, sino también quiénes los llevaron hasta allí y por qué eligieron ese lugar para deshacerse de los cuerpos.

Según informó El Tiempo (Colombia), las autoridades avanzan en la verificación de la identidad de una de las víctimas mientras continúan los procedimientos forenses y de inteligencia para establecer la del segundo cuerpo. El caso ha puesto de nuevo bajo la lupa un corredor vial estratégico del área metropolitana de Barranquilla, una zona de alto flujo de vehículos, cercana a un punto neurálgico de movilidad y conectividad, donde la exposición pública del crimen sugiere un mensaje criminal más que un simple intento de ocultamiento. Por ahora, la Policía no ha detallado públicamente las circunstancias exactas de la muerte ni ha confirmado si las víctimas tenían antecedentes o vínculos con estructuras delictivas.

Este doble homicidio no solo agrava la percepción de inseguridad en el municipio de Soledad y en la capital del Atlántico; también plantea interrogantes sobre el control territorial de los grupos armados y criminales en un área donde confluyen comercio, transporte y tránsito permanente de personas. La forma en que fueron abandonados los cuerpos apunta a una ejecución con intención de intimidar, exhibir poder o enviar un mensaje a otros actores, algo que en Colombia suele preceder nuevas escaladas de violencia. En una ciudad que ha intentado sostener su dinámica económica y portuaria pese al avance del crimen organizado, hechos como este recuerdan que la disputa por las rutas y los corredores estratégicos sigue viva.

A la espera de resultados oficiales sobre la identidad de la segunda víctima y de avances en la línea investigativa, el caso deja una señal inquietante: incluso en puntos de alta circulación y visibilidad, la violencia puede operar con la frialdad suficiente para dejar cuerpos abandonados a plena vista. Para los habitantes de Soledad y Barranquilla, el impacto va más allá del hecho policial; es la confirmación de que la seguridad en la región sigue dependiendo de una respuesta estatal que todavía no logra cerrar el paso a estas dinámicas criminales.

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