Invima alerta por colágeno fraudulento promocionado con imagen de celebridades en redes

Imagen: infobae
El Invima lanzó una alerta por la venta en Colombia de un colágeno promocionado con una imagen asociada a celebridades en redes sociales, pero sin el aval sanitario requerido. La autoridad lo clasificó como alimento fraudulento tras recibir una queja por mensajes de bienestar físico sin sustento regulatorio.
El Invima encendió las alarmas por la comercialización en Colombia de un colágeno que, según la autoridad sanitaria, se vende sin el aval exigido y utiliza una imagen promocional asociada en redes sociales con figuras famosas para ganar credibilidad entre los consumidores. La entidad concluyó, tras recibir una queja, que el producto no solo carece de respaldo regulatorio, sino que además se presenta con mensajes de bienestar físico que pueden inducir a error a quienes buscan suplementos para mejorar su salud o apariencia.
De acuerdo con lo informado por Infobae, el caso fue clasificado como alimento fraudulento, una categoría que no es menor porque implica que el producto circula con características que no corresponden a lo autorizado por la autoridad competente. En la práctica, eso significa que el colágeno se estaría ofreciendo en el mercado colombiano sin cumplir los requisitos sanitarios necesarios para garantizar su trazabilidad, composición y verificación. El punto más delicado es el uso de estrategias de mercadeo que apelan a la confianza del público: imágenes llamativas, referencias a bienestar físico y una presunta asociación con personalidades de redes sociales, una fórmula que hoy domina buena parte del negocio de suplementos en internet.
Este tipo de alertas importa por una razón sencilla: el mercado de los productos “saludables” se ha convertido en un terreno fértil para la desinformación comercial. En Colombia, como en otros países de la región, el consumo de colágenos, vitaminas y suplementos crece al ritmo de las promesas de rejuvenecimiento, pérdida de peso o mejoría estética, muchas veces sin evidencia suficiente y, peor aún, sin control sanitario real. El problema no es solo que el consumidor pague por un producto que puede no ofrecer lo que promete; también está el riesgo de que se sustituyan tratamientos médicos, se normalicen afirmaciones engañosas o se exponga a la gente a fórmulas cuya composición no ha sido revisada por las autoridades. En un ecosistema digital donde una imagen viral puede valer más que un registro sanitario, la alerta del Invima funciona como recordatorio de que la publicidad de suplementos no puede operar por fuera de la ley.
Más allá de este caso puntual, lo que revela la advertencia es una tensión cada vez más visible entre el mercado de bienestar que se mueve en redes sociales y la capacidad del Estado para vigilarlo. Para el consumidor común, el mensaje es claro: una campaña bonita, una cara conocida o un relato de resultados rápidos no equivalen a seguridad ni a legalidad. Y para una industria que ha encontrado en la influencia digital una veta comercial muy rentable, el control de las autoridades podría empezar a ser más estricto si continúan apareciendo productos que se venden como solución milagrosa sin cumplir con las reglas básicas del juego.



