Irak dice que Irán facilita el paso de su petróleo por Ormuz en plena guerra

Imagen: infobae
Irak confirmó que Irán ya está facilitando el paso de algunos de sus petroleros por Ormuz, una señal de alivio para una economía que depende casi por completo del crudo. La medida llega en plena guerra y reabre el debate sobre quién controla realmente el flujo energético del Golfo.
Irak confirmó este sábado que Irán empezó a conceder facilidades para el tránsito de parte de sus exportaciones petroleras por el estrecho de Ormuz, un corredor indispensable para la economía iraquí y para el suministro energético global. El anuncio, hecho por el presidente iraquí Nizar Amedi durante la octava Conferencia de Diálogo de Bagdad, refuerza la versión adelantada horas antes por la agencia estatal iraní IRNA y sugiere una descompresión parcial en una ruta que ha estado bajo máxima tensión desde el estallido de la guerra con el ataque estadounidense-israelí contra Irán a finales de febrero.
De acuerdo con lo expuesto por Amedi, Teherán habría autorizado el paso de varios petroleros iraquíes por el estrecho, aunque sin detallar cuántos buques están involucrados ni desde cuándo se aplica el permiso. La señal política no es menor: el petróleo explica cerca del 90 por ciento de los ingresos del Estado iraquí, y cualquier freno en su salida golpea de inmediato las finanzas públicas, el gasto social y la capacidad de sostener la maquinaria estatal. Antes de la guerra, Irak producía alrededor de cuatro millones de barriles diarios y exportaba una media de 105 millones de barriles al mes, buena parte desde Basora, en el sur, precisamente por Ormuz. Desde febrero, el gobierno ha tenido que improvisar rutas alternativas por Ceyhan, en Turquía; Baniyas, en Siria, y Aqaba, en Jordania, una red más costosa y menos eficiente que revela la fragilidad de su infraestructura exportadora.
Lo que está ocurriendo también muestra el peso geopolítico de Irán sobre uno de los puntos más sensibles del comercio mundial. En abril, el canciller iraní Abbas Araqchi ya había adelantado que su país buscaría facilitar el tránsito de cargueros de socios cercanos como China, Pakistán e Irak, en medio de la parálisis del estrecho. El gesto hacia Bagdad, confirmado ahora en público, encaja con una estrategia de Teherán: mantener abiertos ciertos canales con vecinos aliados mientras conserva capacidad de presión sobre una vía marítima crítica y disputada. Para Irak, el mensaje es claro: necesita recuperar estabilidad en sus exportaciones si quiere cumplir su meta de elevar la producción a entre ocho y diez millones de barriles diarios en los próximos seis años, una apuesta ambiciosa pero difícil de sostener sin seguridad logística, inversión y menos dependencia de un solo corredor.
La visita del negociador iraní Mohamed Baqer Qalifab a Bagdad dejó, además, una lectura política de fondo. Según la evaluación iraní, el viaje abrió una nueva fase de cooperación económica en plena guerra, algo que en la práctica puede traducirse en más coordinación energética, pero también en una mayor interdependencia entre dos países que comparten fronteras, intereses y vulnerabilidades. Para la población iraquí, esto importa porque el petróleo sigue siendo la columna vertebral del presupuesto nacional; para el mercado internacional, porque cualquier relajación o bloqueo en Ormuz puede mover precios, tensar cadenas de suministro y recordar que la estabilidad del Golfo sigue siendo un asunto de seguridad global, no solo regional.



