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Irak desarticula una célula ligada a Sadam Husein que planeaba atacar a su cúpula de seguridad

Hace 1 hora

Irak desarticuló una célula vinculada al exdictador Sadam Husein que, según la investigación, preparaba el asesinato de altos funcionarios de seguridad. Los blancos principales eran el director del Servicio de Seguridad Nacional, su portavoz y el jefe de seguridad de Bagdad.

Las autoridades iraquíes detuvieron a una célula presuntamente ligada al legado político y militar de Sadam Husein que estaba preparando un atentado contra figuras clave del aparato de seguridad del país, según informó infobae mundo. La investigación ubicó como objetivos centrales al director del Servicio de Seguridad Nacional, Abdelkarim al Basri; al portavoz de esa institución; y al jefe de seguridad de Bagdad, una señal de que el plan no apuntaba a un blanco simbólico sino al corazón mismo de la estructura que sostiene al Estado iraquí.

El dato revela algo más que una operación policial exitosa: muestra que, en Irak, las viejas lealtades del pasado siguen teniendo capacidad de reorganización y de amenaza. El hecho de que el grupo estuviera enfocado en altos mandos de seguridad indica un intento deliberado de golpear la cadena de mando y sembrar incertidumbre en una capital que todavía convive con tensiones sectarias, disputas de poder y el peso de grupos armados que se disputan influencia dentro y fuera de las instituciones. La investigación, de acuerdo con lo reportado por el medio, permitió anticipar el riesgo antes de que la célula pudiera ejecutar su plan.

Este episodio importa porque Irak nunca terminó de cerrar la puerta al fantasma de la era Husein. Aunque el régimen cayó hace más de dos décadas, sus remanentes políticos, redes de antiguos cuadros y simpatías dispersas han sobrevivido en distintos márgenes del sistema. En un país donde la seguridad interna sigue siendo una prioridad diaria, cualquier intento de atacar a los responsables de custodiarla tiene un efecto que va más allá del caso concreto: erosiona la confianza pública, obliga a reforzar dispositivos de protección y expone la fragilidad de un Estado que todavía administra heridas abiertas de su propia historia reciente.

Para la ciudadanía iraquí, la noticia también tiene una lectura práctica: cuando las élites de seguridad son blanco de un plan de asesinato, la tensión baja de los despachos y se instala en la vida cotidiana. Más controles, más vigilancia y más temor a que las rivalidades políticas o ideológicas vuelvan a traducirse en violencia. En ese sentido, la detención no solo evitó un posible golpe contra funcionarios estratégicos; también dejó en evidencia que el pasado autoritario de Irak sigue intentando proyectar sombra sobre su presente.

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