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Irán evalúa atacar cables submarinos ante nueva ofensiva de Estados Unidos e Israel

Hace 5 horas

Irán evalúa una respuesta poco visible pero de alto impacto si Estados Unidos e Israel reanudan los bombardeos: atacar cables submarinos y complicar las reparaciones para prolongar las fallas de comunicación. La maniobra podría golpear internet y otros servicios esenciales dentro y fuera del país.

Irán está estudiando una represalia de gran alcance en el terreno de las comunicaciones si Estados Unidos e Israel vuelven a bombardear su territorio, según informó Reuters con base en fuentes cercanas al asunto que pidieron reserva de su identidad. El plan en evaluación incluiría interferir o atacar cables submarinos estratégicos y, además, obstaculizar las tareas de reparación para estirar al máximo las interrupciones de conectividad, incluida la red de internet.

La advertencia no apunta solo a una respuesta militar convencional, sino a una forma de presión menos visible y potencialmente más desestabilizadora. En un país donde el acceso a internet ya ha sido objeto de restricciones en momentos de crisis, golpear la infraestructura submarina tendría un efecto inmediato sobre la comunicación interna, la actividad económica, los servicios digitales y la capacidad de coordinación tanto civil como institucional. De acuerdo con las fuentes citadas por Reuters, la idea de Teherán sería aumentar el costo de cualquier nueva ofensiva extranjera elevando el daño a la infraestructura crítica.

El dato importa porque los cables submarinos son parte de la columna vertebral del tráfico global de internet y de buena parte de las telecomunicaciones internacionales. No se trata de un blanco simbólico: una interrupción de ese tipo puede afectar a usuarios comunes, empresas, bancos, plataformas de pago y redes de información en cuestión de horas. Si Irán decidiera avanzar en esa dirección, el conflicto con Washington y Tel Aviv dejaría de medirse solo en bombardeos y respuestas armadas para entrar también en el terreno de la guerra de infraestructura, donde el daño se multiplica sin necesidad de una ocupación territorial.

Para la población iraní, el riesgo más inmediato sería quedar atrapada en un apagón comunicacional con consecuencias cotidianas: menos acceso a información, mayores trabas para trabajar, comerciar o estudiar en línea y más aislamiento frente al exterior. Para la región, el escenario añade una señal inquietante: en una nueva escalada, la disputa podría trasladarse a activos invisibles pero decisivos, cuya reparación es lenta, costosa y depende de condiciones de seguridad que en medio de una ofensiva suelen desaparecer por completo.

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