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Irán desmiente a Trump, mantiene solo el canal con Omán y endurece su pulso con Israel

Hace 5 horas

Teherán desmintió que existan nuevas conversaciones con Estados Unidos y ratificó que su único canal diplomático activo sigue siendo Omán, en medio de la escalada regional. Al mismo tiempo, ejecutó a dos hombres acusados de espiar para Israel, una señal de endurecimiento interno y externo.

Irán volvió a tensar el tablero de Medio Oriente al negar que exista una nueva ronda de conversaciones con Estados Unidos, pese al anuncio de Donald Trump, y al ejecutar a dos hombres acusados de colaborar con la inteligencia israelí. El mensaje de Teherán fue doble: no hay apertura real hacia Washington más allá del canal con Omán, y la respuesta interna seguirá siendo dura frente a cualquier señal de infiltración o sabotaje.

Según informó Infobae Mundo, las autoridades iraníes aclararon que el único mecanismo de contacto vigente es el que pasa por Mascate, enfocado en asuntos prácticos como la seguridad y el tránsito por el estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más sensibles del planeta. Esa precisión no es menor: Irán quiere dejar claro que no está negociando una desescalada política de fondo con Washington, sino administrando un canal limitado para evitar incidentes en una zona por donde circula una porción clave del petróleo mundial. Al mismo tiempo, la ejecución de dos presuntos espías de Israel refuerza el relato oficial de un Estado que se presenta sitiado y dispuesto a castigar con severidad cualquier red de inteligencia enemiga.

El trasfondo es más amplio que una disputa bilateral. Desde hace años, la relación entre Irán, Estados Unidos e Israel se mueve entre la presión militar, la guerra de sombras y los contactos indirectos para evitar que una crisis puntual termine en un conflicto abierto. Omán ha funcionado históricamente como intermediario confiable porque mantiene relaciones con todas las partes y suele servir de puente cuando la diplomacia formal está rota. Por eso, que Teherán limite allí su única vía de comunicación significa que no está cediendo terreno político, sino preservando un canal de contención mínima. En paralelo, las ejecuciones envían un mensaje hacia adentro: el régimen busca mostrar control en un momento en que la seguridad, la inteligencia y la lealtad nacional ocupan el centro de su narrativa.

Este episodio importa porque Ormuz no es un detalle geográfico, sino un punto de presión sobre la economía global. Cualquier aumento de tensión en esa zona impacta de inmediato en los mercados de energía, en los costos de transporte y, en última instancia, en el bolsillo de consumidores en Estados Unidos, Europa y también en América Latina. Mientras Washington insiste en explorar salidas diplomáticas y Teherán responde con desmentidos, la región sigue atrapada en una lógica peligrosa: poca confianza, mucha propaganda y un margen mínimo para error. En ese escenario, cada gesto público cuenta tanto como un misil o una firma sobre la mesa.

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