Irán recurre a criptomonedas para esquivar el cerco financiero de EE.UU.

Imagen: infobae mundo
Irán abrió una nueva vía para comerciar fuera del sistema financiero tradicional: autorizó a exportadores e importadores a usar criptomonedas locales, incluido tether y bitcoin, para cerrar operaciones transfronterizas. La medida busca esquivar el cerco de sanciones de Estados Unidos y darle aire a una economía golpeada.
Irán dio un paso más en su estrategia para burlar las sanciones de Estados Unidos al autorizar a exportadores e importadores a cerrar acuerdos transfronterizos mediante plataformas locales de activos digitales. La decisión, revelada por infobae mundo, permite operar con criptomonedas como tether y bitcoin y, además, liquidar divisas a valores de mercado, una señal clara de que Teherán está buscando canales alternativos para sostener su comercio exterior sin depender del sistema financiero dominado por Washington.
La medida no es menor. En la práctica, le da a empresas iraníes una herramienta para mover valor fuera de los circuitos bancarios tradicionales, que han sido estrechamente vigilados por las sanciones estadounidenses durante años. El uso de stablecoins como tether resulta particularmente sensible porque, a diferencia de otros activos más volátiles, ofrece una referencia más estable frente al dólar y facilita transacciones comerciales de corto plazo. Según informó infobae mundo, la habilitación oficial apunta a que exportadores e importadores puedan cerrar operaciones a través de estas plataformas locales, lo que refuerza la idea de un ecosistema financiero paralelo, diseñado para operar en los márgenes del sistema global.
El contexto explica por qué esta decisión importa mucho más allá de Irán. Desde hace años, la República Islámica enfrenta restricciones severas para vender petróleo, recibir pagos internacionales o acceder con normalidad a divisas. En ese escenario, las criptomonedas aparecen como una válvula de escape, aunque no una solución completa: permiten mover dinero, pero no eliminan los riesgos de bloqueo, supervisión o volatilidad regulatoria. Para Estados Unidos, esto representa otro desafío en su política de presión económica, porque demuestra que las sanciones empujan a los países castigados a innovar en mecanismos de evasión financiera. Para la gente común en Irán, el impacto puede sentirse en el abastecimiento de bienes importados y en la capacidad de las empresas para seguir operando, aunque también podría profundizar la opacidad y el control estatal sobre las transacciones.
A mediano plazo, este movimiento puede acelerar una tendencia que ya preocupa a los reguladores internacionales: el uso de activos digitales por parte de gobiernos sancionados para sostener comercio, reservas y pagos externos. No es una revolución silenciosa, pero sí una advertencia. Cada vez que un país encuentra una grieta en el sistema financiero global, también expone los límites del castigo económico como herramienta de presión política. Irán, una vez más, está probando hasta dónde puede estirarse ese límite.



