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Irán aprieta en Ormuz mientras Israel sigue bombardeando Líbano

Hace 2 horas
Irán aprieta en Ormuz mientras Israel sigue bombardeando Líbano

Imagen: El País

Israel volvió a golpear Líbano y dejó 25 muertos pese al alto el fuego anunciado, mientras Irán endurece su respuesta en el estrecho de Ormuz. La escalada amenaza con encarecer el petróleo y abrir un nuevo frente de presión diplomática en Suiza.

La guerra de sombras y represalias en Medio Oriente dio un salto peligroso: Israel siguió bombardeando Líbano y, según informó El País, dejó al menos 25 muertos incluso después del reciente anuncio de alto el fuego, mientras Irán respondió reactivando su presión sobre el estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más sensibles del planeta. El mensaje de Teherán es claro: si la violencia se mantiene en la región, el costo no se limitará al terreno militar, también puede sentirse en el mercado del petróleo y en la economía global.

El episodio ocurre en paralelo a un movimiento diplomático que todavía luce frágil. De acuerdo con la información difundida por El País, Teherán enviará una delegación a Suiza, donde ya se encuentran el enviado estadounidense Steve Witkoff y Jared Kushner. Esa coincidencia no es menor: mientras una mesa busca contener la escalada, los ataques sobre el terreno siguen desmintiendo cualquier expectativa de calma inmediata. La contradicción es evidente. Por un lado, se habla de alto el fuego; por el otro, siguen cayendo bombas en Líbano y la violencia desborda cualquier promesa de desescalada.

Lo que está en juego va mucho más allá del mapa libanés. El estrecho de Ormuz es un punto de estrangulamiento del comercio energético mundial, por donde transita una porción decisiva del crudo que sale del Golfo Pérsico. Cada vez que Irán amenaza con bloquearlo o endurece su posición allí, los mercados reaccionan de inmediato: sube el precio del barril, se encarecen los seguros de transporte y se abre la puerta a una cadena de aumentos que termina golpeando al consumidor. En Estados Unidos eso puede traducirse en gasolina más cara e inflación más persistente; en Colombia, en un mayor costo de los combustibles, presión sobre el transporte y ruido sobre precios de alimentos y bienes importados. Esa es la dimensión que a menudo queda fuera del debate bélico, pero que la gente termina pagando.

La jugada de Irán también tiene una lectura política: busca demostrar que sigue teniendo capacidad de presión regional mientras negocia, o aparenta negociar, en un escenario donde Washington intenta evitar que el conflicto se expanda. El problema es que cada ataque en Líbano, cada movimiento en Ormuz y cada reunión diplomática sin resultados concretos alimentan la misma sensación de fondo: la región está atrapada en una escalada que nadie parece controlar del todo, pero que puede afectar a millones de personas muy lejos del frente de batalla.

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