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Irán y Omán buscan ordenar Ormuz, pero EE. UU. rechaza los peajes

Hace 5 horas

Irán y Omán trabajan en un esquema para reabrir y ordenar el paso por el estrecho de Ormuz, una ruta clave para el petróleo mundial. El plan incluye vías separadas y cobros por seguridad, pero Estados Unidos ya puso una línea roja: no aceptará peajes para los barcos.

Irán y Omán están empujando una salida para uno de los puntos más sensibles del comercio global: el estrecho de Ormuz. Según informó Infobae Mundo, la propuesta contempla organizar el tránsito con rutas separadas de entrada y salida, además de un esquema de cobros por servicios de seguridad. Pero el movimiento ya despertó resistencia en Washington, que insiste en que no debe haber peajes para los buques que crucen esa vía estratégica.

El dato no es menor. Por Ormuz pasa una porción decisiva del petróleo y del gas que consume el mundo, y cualquier alteración en su funcionamiento repercute de inmediato en los mercados energéticos, en los precios del combustible y en la estabilidad de economías dependientes de esas importaciones. La idea de establecer un sistema de tránsito más ordenado responde, en principio, a la necesidad de reducir tensiones y de evitar incidentes en una ruta que históricamente ha sido escenario de choques militares, amenazas de cierre y maniobras de presión geopolítica. Sin embargo, la discusión sobre los cobros pone sobre la mesa quién controla realmente el paso y quién termina pagando por la seguridad de una arteria que no solo le sirve a la región, sino a Europa, Asia y también a Estados Unidos.

El estrecho de Ormuz es mucho más que un canal marítimo: es un termómetro de la rivalidad entre Irán y Occidente. Para Teherán, cualquier acuerdo que fortalezca su papel en la administración del paso puede traducirse en ingresos, capacidad de negociación y una demostración de poder en medio de años de sanciones. Para Washington, en cambio, aceptar peajes equivaldría a normalizar una forma de presión sobre el comercio internacional y abrir la puerta a que Irán gane margen político en una zona que Estados Unidos considera vital para la seguridad energética global. En términos prácticos, esto importa porque cualquier fricción allí puede terminar reflejándose en la gasolina que pagan los hogares, en los costos de transporte y en la inflación que golpea a consumidores en América Latina y en Estados Unidos.

La negociación aún está lejos de resolverse, pero deja clara una verdad incómoda: el estrecho de Ormuz sigue siendo una pieza de control geopolítico, no solo una ruta marítima. Si el acuerdo prospera, podría reducir riesgos operativos; si fracasa, el resultado podría ser el de siempre en Medio Oriente: más incertidumbre para el mercado global y más presión para los países que dependen de que el petróleo siga fluyendo sin sobresaltos.

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